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30 de abril de 2002


Tribuna de opinión

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Las metáforas y las metonimias en el discurso de los arquitectos
Por Paloma Úbeda Mansilla

 

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La metáfora es un fenómeno habitual y cotidiano en el pensamiento y en el lenguaje. La metáfora es mucho más que un simple recurso poético. Desde el punto de vista de la lingüística cognitiva, es un poderoso proceso cognitivo que permite una comunicación de ideas y pensamientos eficiente y eficaz.
«Metaphor takes a range of various forms (...) it has a surprisingly large number of functions, cognitive social affective, rhetorical and interaction-management» (Cameron, L.& Low, G. 1999: 91). Según Ungerer y Schmid (1996) la metáfora puede tener fines explicativos o constitutivos. Por ejemplo, la siguiente metáfora visual, aplicada en un entorno científico, facilita la comprensión de la estructura del átomo, y por tanto es explicativa: + THE ATOM IS A (MINIATURE) SOLAR SYSTEM + (Ungerer y Schmid, 1996: 148).

La metáfora es definida por el diccionario de María Moliner (1998: 334) como «tropo que consiste en usar palabras con sentido distinto del que tienen propiamente, pero que guarda con éste una relación descubierta por la imaginación». Si llevamos esta definición a un contexto  arquitectónico nos encontramos con ejemplos del tipo «los parques y jardines son pulmones llenos de aire para la ciudad», o «reconstruyeron parte de la ciudad pero no lograron inyectarle vida».

Por ejemplo, si en este sentido la experiencia del colectivo de arquitectos sugiere que el  edificio y la ciudad son seres vivos, cuando hablan sobre ellos en el entorno de trabajo, observamos las metáforas siguientes: + EL EDIFICIO ES UN SER VIVO +[1] o + EL EDIFICIO ES UN CUERPO + y + LA CIUDAD ES UN SER VIVO +. Por lo tanto estamos de acuerdo con Ungerer y Schmid cuando afirman que «the metaphors are not just a way of expressing ideas by means of language, but a way of thinking about things» (1996: 118).

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Black define la metáfora como «un instrumento cognitivo que sirve para establecer implicaciones entre los temas que pertenecen a dominios diferentes» (1962: 36). La teoría de la interacción define que la metáfora crea nuevos referentes entre los hablantes, nuevas perspectivas sobre la realidad ya existente, lo que da sentido al concepto de creatividad manifestado por dos de sus defensores, Richards (1936) y Black (1962, 1979). Este planteamiento de la metáfora supone la existencia de dos términos, uno principal (marco) y otro subsidiario (foco), que no son entidades aisladas sino sistemas de tópicos, entre los cuales se establece una interacción. La metáfora tiene un carácter selectivo al focalizar un aspecto concreto desdeñando los demás. Ese «algo nuevo» que se crea cuando se comprende una metáfora es lo importante para Black (1979).

En la misma línea, Lakoff considera el pensamiento metafórico de la forma siguiente:

«Metaphorical thought, in itself, is neither good nor bad; it is simply commonplace and inescapable. Abstractions and enourmosly complex situations are routinely understood via metaphor. Indeed, there is an extensive, and mostly uncounscious, system of metaphor that we use automatically and unreflectively to understand complexities and abstractions» (1990: 2).

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La metáfora es un mecanismo de analogía en el que se concibe un concepto que pertenece a un dominio conceptual determinado en función de otro dominio conceptual, y en el que se establecen correspondencias y proyecciones entre los atributos de ambos dominios. En este sentido se habla de dominio origen (atributos salientes) y dominio destino, y de correspondencias entre ellos (Lakoff 1989). De esta forma, la metáfora permite una proyección ontológica a través de la interconexión de elementos que pertenecen a los dos dominios, así como una correspondencia epistemológica en la que el conocimiento del dominio origen, normalmente más básico y familiar, hace posible y facilita el razonamiento, la expresión, o la comprensión en el dominio destino, más complejo y abstracto. Estos procesos suceden a un nivel conceptual y de razonamiento, y se basan en esquemas e imágenes provenientes de la experiencia perceptual y personal del ser humano (Johnson 1987). Es un proceso cognitivo cuyo uso es muy extendido y muy inconsciente, e impregna nuestro lenguaje y pensamiento habitual. Como dicen Lakoff y Johnson «...metaphor is pervasive in everyday life, not just in language but in thought and actio» (1980: 3). Es más, tal es así que como estudió Gibbs (1994), los tiempos de respuesta para la producción y la comprensión del lenguaje metafórico en contexto respecto al lenguaje literal no presentan variaciones apreciables.

Las metáforas conceptuales pueden constituir campos semánticos enteros, a diferencia de las metáforas de imagen, que simplemente proyectan la estructura esquemática de una imagen mental sobre la otra, sin más. Un ejemplo de  metáfora de imagen sería + El MONASTERIO DE EL Escorial es una parrilla +. Un ejemplo de metáfora conceptual sería, + Un edificio es un ser inteligente +, que generaría un buen número de correspondencias inmediatas con el cerebro (la central de sistemas de comunicaciones, control y seguridad), con los sentidos (sensores de temperatura, cámaras de vídeo), con el sistema nervioso (los cableados de comunicaciones, control y seguridad que parten de la sala de control hacia los sensores), con el sistema cardiovascular (el agua), etc. y en consecuencia, nos permitiría razonar sobre el edificio de forma similar a cómo lo haríamos sobre un ser inteligente.

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En este sentido, debemos tener presente (Cuenca y Hilferty, 1999) que en la proyección metafórica no todos los elementos del dominio origen están incluidos, ni todos los elementos del dominio destino tienen un elemento en el origen, ya que en caso contrario se trataría del mismo dominio. Ello supone las correspondientes y lógicas limitaciones en cuanto al razonamiento por analogía que todos conocemos al usar metáforas. Por otro lado, los mismos autores nos recuerdan que al resaltar ciertas facetas del dominio destino, pueden quedar ocultos otros aspectos, permitiendo errores de conceptualización por olvidar precisamente la limitación anterior. Sin embargo, su utilidad para razonar, convencer y generar ideas por trabajar en dominios más conocidos la configuran como esa potente herramienta de comunicación que, como veremos más adelante, es en efecto ampliamente utilizada en el entorno profesional arquitectónico.

En cuanto a la metonimia, el diccionario de María Moliner la define como «figura retórica que consiste en tomar el efecto por la causa, el instrumento por el agente, el signo por la cosa, etc., o viceversa» (1998: 339). Algunos ejemplos en el campo de la Arquitectura serían «los edificios que han salido de su cabeza» o «la ciudad no duerme».

La metonimia no establece vínculos entre dominios conceptuales diferentes, sino que es un mecanismo de referencia, donde nos referimos indirectamente a una estructura implícita utilizando otra de mayor preeminencia en el mismo sistema conceptual. La estructura explícita se denomina Punto de Referencia, y la implícita, Zona Activa (Lakoff y Turner, 1989: 103). Un ejemplo sería “Ya han echado cincuenta hormigoneras en los cimientos del edificio”. La metonimia en este caso es + El continente por el contenido +, donde la hormigonera (Punto de Referencia) se está utilizando para referirse al hormigón (Zona Activa), que es lo que realmente se ha echado.

La metonimia y la metáfora, que se diferencian desde un punto de vista cognitivo, en ocasiones pueden llegar a confundirse. De hecho, la explicación que los lingüistas cognitivos atribuyen a la metáfora es la misma que aplican a la metonimia, ya que como señala McNeil:

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«Tanto la metáfora como la metonimia son proyecciones conceptuales, no simplemente figuras retóricas o estilísticas (...) son correspondencias mentales convencionalizadas de una cultura, y no deben confundirse con sus manifestaciones concretas, lingüísticas o de otro tipo como pueden ser los gestos»
(McNeil, 1992, en Barcelona Sánchez, 1997: 143).

Este mismo autor, que recoge la visión de metáfora y metonimia de McNeil, considera que «la metonimia es otro tipo fundamental de proyección conceptual usado por el ser humano para contextualizar situaciones, personas, hechos, nociones abstractas, etc.» (1997: 150).

Ungerer y Schmid agrupan ambos fenómenos como recursos de proyección imaginativa y de extensión de un modelo conceptual:

«Both are seen as being conceptual in nature, both can be conventionalized (i.e. automatic, unconcious, effortless and generally established as a model of thinking), both are means of extending the resources of a language and both can be explained as mapping processes» (1996: 118).

Black, autor de perfil más clásico, refiriéndose a la metáfora, la metonimia y la ironía, sostiene que todos nos regimos por las pautas que establece nuestra poética internalizada, y subraya la importancia del lenguaje figurativo en la comunicación, reclamando: «My plea is for a greater recognition of the poet in each of us – to recognize that figuration is not an escape from reality but constitutes the way we ordinarily understand ourselves and the world in which we live» (Black, 1979: 454).

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La metáfora y la metonimia pueden también combinarse en una misma estructura lingüística, como por ejemplo en + PEDRO SE FUE CON EL RABO ENTRE LAS PIERNAS +, donde a partir de la palabra rabo imaginamos un perro (metonimia + EL RABO POR EL PERRO +, del tipo + LA PARTE POR EL TODO +) y proyectamos el dominio conceptual del perro con el rabo entre las piernas, en concreto los sentimientos de derrota, al dominio conceptual de Pedro (metáfora + PEDRO ES UN PERRO +). Un ejemplo en el ámbito arquitectónico en el que coexisten ambos fenómenos lingüísticos podría ser + LOS CUBOS DE MONEO HAN LEVANTADO POLÉMICA +: por un lado los cubos representan al edificio + LA FORMA POR EL TODO +, y por otro, se observan dos metáforas conceptuales + EL EDIFICIO ES UN SER HUMANO + (personificación) y + LA POLÉMICA ES UN OBJETO +, susceptible de ser levantado, así como una metáfora orientacional + MÁS ES ARRIBA +.

Referencias

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Black, M. (1962): Models and Metaphors. Ithaca, New York.Cornell University Press. Traducido al español por Víctor Sánchez de Zabala (1966): Modelos y Metáforas: Madrid. Tecnos.

Black, M. (1979): “More about Metaphors”, en A.Ortony (ed.): Metaphor and Thought. Cambridge. Cambridge University Press, pp.19-41

Cameron, L. y Low, G. (1999): «Metaphor», Language Teaching Journal 32, (pp. 77-96). Cambridge University Press.

Cuenca, M.J. y Hilferty; J. (1999): Introducción  a la lingüística Cognitiva, Barcelona. Ariel.

Barcelona Sánchez, A. (1997): “¿Es el “Dios” un Concepto Literal del Cristianismo? Ensayo de Teolingüística, en RESLA, vol.12. pp.141-154.

Cameron, L. & Low, G. (1999): “Metaphor”, Language Teaching Journal 32, (pp. 77-96). Cambridge University Press.

Gibbs, R. (1994): The Poetics of Mind; Figurative Thought, Language, and Understanding. Cambridge. Cambridge University Press.

Johnson, M. (1987): The Body in the Mind. Chicago. Chicago University Press.

Lakoff, G. (1987):  Women , Fire and Dangerous Things: What Categories Reveals about Mind. Chicago. Chicago University Press.

Lakoff, G. (1990): “The invariance Hypothesis: Is Abstract Reasoning Based on Image-Schema?”. Cognivive Linguistic, vol.1 nº 1, pp. 39-74.

Lakoff, G. y Johnson, M. (1980): Metaphors we live by. Chicago. Chicago University Press.

Lakoff, G. y Turner, M. (1989): More than Cool Reason: A Field Guide to Poetic Metaphor. Chicago. Chicago University Press.

Moliner, M. (1998): Diccionario de Uso del Español. Madrid Gredos.

Richards, I. (1936): The Philosophy Rhetoric. Oxford. Oxford University Press.

Taylor, J.R. (1995): Linguistic Categorization: Prototypes in Linguistic Theory. Oxford. Oxford University Press.

Ungerer, F. y Schmid, H.J. (1996): An introduction to cognitive linguistics, London, Logman.
 

 

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[1] A lo largo de este trabajo, para representar las estructuras metafóricas, se adopta la grafía en mayúsculas y entre signos más.


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Paloma Úbeda Mansilla es Doctora en Educación, profesora de la Universidad Politécnica de Madrid, España.

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