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28 de agosto de 2002


Tribuna de opinión

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ALEXIS MÁRQUEZ RODRÍGUEZ
Gobernabilidad y Censura

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Gobernabilidad. Hay palabras que parecieran ponerse de moda. Se las usa a diestra y siniestra, muchas veces con significados distintos de los que realmente les corresponden, y a medida que más se usan, ese uso va en aumento, como si se autoalimentara, pues da la impresión de que todo el que se repute culto –con razón o sin ella, que en este último caso son los más– se siente obligado a emplearla, pues de no hacerlo se haría sospechoso de ignorancia o de no estar en nada.
Una palabra de moda es gobernabilidad, entendida como la posibilidad de gobernar con un mínimo de normalidad y eficiencia. Su empleo es frecuente para referirse a la llamada crisis de gobernabilidad, o sea, una situación en que se ha perdido la facultad de gobernar, necesaria para quien ejerza el gobierno, por lo que el país o ente de que se trate deviene en ingobernable, lo cual requiere, o un cambio drástico en la política del gobernante que le permita recuperar la perdida facultad de gobernar, o su reemplazo por otro.
Hace algún tiempo hablé de esta palabra en mi columna “Con la lengua”, del diario El Nacional, y un lector me respondió rechazando el vocablo por no aparecer en el diccionario, y diciendo que lo correcto es gobernación, y no gobernabilidad. Yo le señalé dos errores: 1, creer que una palabra no existe porque no aparece en el diccionario, pues ningún vocablo “nace” en el seno de aquél, sino que entra a sus páginas después de usarse un tiempo más o menos largo; 2, que gobernación, derivado de gobierno, es distinto de gobernabilidad, derivado de gobernable. De hecho, de todo adjetivo terminado en “-able”, con sus excepciones, deriva un sustantivo terminado en “-bilidad”: viable —viabilidad; amable ­— amabilidad; confiable ­— confiabilidad, etc.
Gobernabilidad ya aparece en la última edición del DRAE (2001): “gobernabilidad: Cualidad de gobernable”. Y se le da como sinónimo gobernanza.

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Censura. Vimos en un artículo anterior que la “censura previa” no es el único tipo de “censura” que existe, sino la más conocida, y su signo negativo ha teñido de tal modo la palabra que basta oírla o leerla para que se asocie con algo detestable. Ello se explica no sólo porque la “censura previa” es la más común, sino también porque el significado de la palabra se asocia con la represión a la expresión y el pensamiento ajenos. El solo término “censura” hace pensar en dictadura. Pero ya vimos que no es así, e incluso que no toda “censura” es condenable.
En efecto, la definición de “censura” que registra el DRAE incluye acepciones que no sólo no son de signo negativo, sino que hasta pueden ser plausibles. Una de ellas dice: “Dictamen y juicio que se hace o da acerca de una obra de arte o escrito”. En este caso la “censura” no posee necesariamente valor represivo. Hoy este tipo de “censura” equivale a lo que se conoce como “crítica” desde el punto de vista estético. Se trata de analizar  una obra de arte (literatura, música, artes plásticas, etc.), y emitir sobre ella un juicio valorativo, que puede ser favorable o desfavorable, o en todo caso señalar en la obra censurada los aspectos positivos y los negativos.  Este tipo de “censura” tuvo, no obstante, en el pasado una connotación negativa, porque el dictamen o juicio del censor determinaba que una obra se publicase o no, y para ello generalmente se manejaban criterios represivos del pensamiento, generalmente escudados en ideas religiosas, pero que en realidad eran ideológicas. Hoy día esto ha sido superado.
Otra acepción del DRAE nos define la “censura” como “Nota, corrección o reprobación de algo”. Tampoco aquí podemos ver una idea necesariamente negativa de la “censura”. Se trata de señalar algo reprobable en el comportamiento de una o más personas, bien sea en el ámbito familiar, en el social, el político, etc. Y tal señalamiento no es con criterios represivos, sino con propósitos éticos, de corrección o rectificación de lo que se considera injusto, inconveniente o equivocado. Esta acepción del sustantivo “censura” da origen al adjetivo “censurable”, que designa los hechos que merecen condenación y rechazo, pero sin ánimo represivo.
Como se ve, pues, no todo tipo de “censura” es detestable. 


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Alexis Márquez Rodríguez
es lingüista y miembro de número de la Academia Venezolana de la Lengua. Colabora habitualmente con los periódicos El Nacional y
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