 | Gobernabilidad.
Hay palabras que parecieran ponerse de
moda. Se las usa a diestra y siniestra, muchas veces con significados
distintos de los que realmente les corresponden, y a medida que más se
usan, ese uso va en aumento, como si se autoalimentara, pues da la
impresión de que todo el que se repute culto –con razón o sin ella,
que en este último caso son los más– se siente obligado a emplearla,
pues de no hacerlo se haría sospechoso de ignorancia o de no estar en
nada.
Una palabra de moda es gobernabilidad, entendida como la
posibilidad de gobernar con un mínimo de normalidad y eficiencia. Su
empleo es frecuente para referirse a la llamada crisis de
gobernabilidad, o sea, una situación en que se ha perdido la
facultad de gobernar, necesaria para quien ejerza el gobierno, por lo
que el país o ente de que se trate deviene en ingobernable, lo
cual requiere, o un cambio drástico en la política del gobernante que
le permita recuperar la perdida facultad de gobernar, o su reemplazo por
otro.
Hace algún tiempo hablé de esta palabra en mi columna “Con la
lengua”, del diario El Nacional,
y un lector me respondió rechazando el vocablo por no aparecer en el
diccionario, y diciendo que lo correcto es gobernación, y no gobernabilidad.
Yo le señalé dos errores: 1, creer que una palabra no existe porque no
aparece en el diccionario, pues ningún vocablo “nace” en el seno de
aquél, sino que entra a sus páginas después de usarse un tiempo más
o menos largo; 2, que gobernación, derivado de gobierno,
es distinto de gobernabilidad, derivado de gobernable. De
hecho, de todo adjetivo terminado en “-able”, con sus excepciones,
deriva un sustantivo terminado en “-bilidad”: viable —viabilidad;
amable — amabilidad; confiable — confiabilidad, etc.
Gobernabilidad ya aparece en la última edición del DRAE (2001):
“gobernabilidad: Cualidad de gobernable”. Y se le da como sinónimo
gobernanza. |
 | Censura.
Vimos en un artículo anterior
que la “censura previa” no es el único tipo de “censura” que
existe, sino la más conocida, y su signo negativo ha teñido de tal
modo la palabra que basta oírla o leerla para que se asocie con algo
detestable. Ello se explica no sólo porque la “censura previa” es
la más común, sino también porque el significado de la palabra se
asocia con la represión a la expresión y el pensamiento ajenos. El
solo término “censura” hace pensar en dictadura. Pero ya vimos que
no es así, e incluso que no toda “censura” es condenable.
En efecto, la definición de “censura” que registra el DRAE incluye
acepciones que no sólo no son de signo negativo, sino que hasta pueden
ser plausibles. Una de ellas dice: “Dictamen y juicio que se hace o da
acerca de una obra de arte o escrito”. En este caso la “censura”
no posee necesariamente valor represivo. Hoy este tipo de “censura”
equivale a lo que se conoce como “crítica” desde el punto de vista
estético. Se trata de analizar una obra de arte (literatura, música,
artes plásticas, etc.), y emitir sobre ella un juicio valorativo, que
puede ser favorable o desfavorable, o en todo caso señalar en la obra
censurada los aspectos positivos y los negativos. Este tipo de
“censura” tuvo, no obstante, en el pasado una connotación negativa,
porque el dictamen o juicio del censor determinaba que una obra se
publicase o no, y para ello generalmente se manejaban criterios
represivos del pensamiento, generalmente escudados en ideas religiosas,
pero que en realidad eran ideológicas. Hoy día esto ha sido superado.
Otra acepción del DRAE nos define la “censura” como “Nota,
corrección o reprobación de algo”. Tampoco aquí podemos ver una
idea necesariamente negativa de la “censura”. Se trata de señalar
algo reprobable en el comportamiento de una o más personas, bien sea en
el ámbito familiar, en el social, el político, etc. Y tal señalamiento
no es con criterios represivos, sino con propósitos éticos, de
corrección o rectificación de lo que se considera injusto,
inconveniente o equivocado. Esta acepción del sustantivo “censura”
da origen al adjetivo “censurable”, que designa los hechos que
merecen condenación y rechazo, pero sin ánimo represivo.
Como se ve, pues, no todo tipo de “censura” es detestable.
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