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3 de julio de 2002


Tribuna de opinión

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GLADYS DÁVALOS ARZE
Un desafío de nuestra era (segunda parte)

El inglés: temores fundados e infundados
Una fuente de deterioro lingüístico
La salvación por la informática

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Publicamos a continuación la segunda y última parte de la disertación pronunciada el pasado 25 de junio por la pedagoga, escritora, traductora y lingüista computacional Gladys Dávalos Arze, con motivo de su ingreso como Académica de Número en la Academia Boliviana de la Lengua. Desde su vasta experiencia en la cátedra y en el desarrollo de un traductor automático multilingüe que emplea el aymara como metalenguaje, la flamante académica abordó en su discurso las complejas relaciones entre la informática y la lingüística y los riesgos que el español debe superar –uno de ellos, la preeminencia del inglés– para que esta vinculación sea mutuamente provechosa.  

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Como la red fue inventada en los Estados Unidos, es natural que la cultura anglosajona y el inglés predominen. Estadísticamente se sabe que un 80% a 90% de las páginas web son en ese idioma. Algunos creen que lo que hay que hacer, es aprenderlo lo más rápidamente posible, si no se corre el riesgo de estar desinformados y, lo que es peor, estar incomunicados. Aquellos a quienes no les interesa el problema de las pluriculturas ni el multilingüismo ven a la red como algo útil para la sociedad. Se jactan de que vivimos el auge de la sociedad de la información. Estamos ya experimentando el futuro, y a la red se la considera como lo más adelantado en términos de tecnología de información y comunicación. Podemos llegar a pensar entonces que los que deseamos crear algo para la red no deberíamos ya ni intentarlo siquiera, pues ya todo está hecho. Pero esto no es verdad. La red está dando sus primeros pasos y todos tenemos la posibilidad de participar, además en nuestro idioma materno, cualquiera que fuera éste.  Es probable que la historia oficial de la red ignore esto, pero habrá que hacer lo posible para que no suceda. Hay quienes creen que esta dominación absoluta del inglés es sólo supuesta y que este fenómeno no es irreversible y es sólo  transitorio. Hay que recordar que en los mismos Estados Unidos de Norteamérica existe una cantidad considerable de habitantes latinos y de origen latino, que han logrado hacer sentir su influencia en el idioma a través del español.

Contrariamente a lo que se cree, el peso de la contribución de la red no cae  tanto en el ámbito tecnológico sino más bien en el sociológico, por lo menos esas fueron las “buenas” intenciones en un principio.  

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La red está conformada por servicios y usuarios. Hay un juego de reglas que sirve para automatizar estos servicios y la forma como son presentados a los usuarios, proveyendo a la red de una base para la existencia de comunidades virtuales, encuentro de lugares y comunicación en grupo. El hecho de compartir la información da lugar a que aquellas iniciativas que acabamos de mencionar formen parte del origen de una “cultura que trabaja en la red”. Su arquitectura le permite adaptarse al cambio; así los cambios sociológicos fueron más bien los que dieron paso a lo tecnológico. Aquí se destaca la actividad desarrollada por los investigadores y demás pioneros preocupados por el desarrollo en los países del sur. Estos últimos aprendieron a usar ordenadores electrónicos a partir de los años 70. Veinte años después las redes de investigación habían alcanzado una masa crítica de más de un millón de usuarios; de ahí en más dejó de ser algo para un círculo exclusivo de iniciados y se volvió la herramienta para lograr la globalización económica.  

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El inglés: temores fundados e infundados

Existe la preocupación de una nueva forma de apartheid, de un apartheid electrónico *4. Sin embargo, hay que recordar a los que aún consideran al inglés como al “idioma oficial” de la red, dándole el “color de piel anglosajón de la supremacía y dominación cultural en su máxima expresión” *5 que, por cierto, no en todas partes se habla inglés o el inglés que se habla deja mucho que desear. Y aunque se cree que existe el peligro de que muchas lenguas se extingan debido a que en la red la comunicación en gran porcentaje se realiza en inglés, se cuestiona además la existencia de ordenadores electrónicos en áreas rurales, siendo así que en esos lugares muchas veces la gente no cuenta ni con agua potable ni electricidad. Yo personalmente pienso que esto no es tan grave ni demagógico, puesto que algo similar sucedió con la aparición de la radio o la televisión. Al parecer, se quiere ver a toda costa una discriminación sólo porque el sistema está mayormente manejado por personas anglosajonas. Creo que se puede llevar el asunto a una posición extrema, en lugar de preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo al respecto los hispanohablantes, los que hablan mandarín u otras lenguas consideradas ahora minoritarias (sin serlo), para evitar la dominación del inglés en la red? Pienso que la cultura anglosajona lleva ventaja porque fue en EE.UU. que se empezó con este trabajo hace muchos años y llenar bases de datos, hacer páginas web, etc. lleva su tiempo y cuesta dinero. En mi opinión lo que hay que hacer es trabajar y lograr un balance adecuado dentro del intercambio electrónico entre países e idiomas, en todos los campos del saber humano.

Aunque el inglés continúa siendo el favorito para las publicaciones científicas, hallo que se debe ver el asunto con optimismo. Todo depende de cada una de las culturas y de su capacidad de lucha por su identidad e idioma. Debemos esforzarnos por trabajar en una variedad de idiomas y destacar nuestras propias culturas. La interactividad en la red es su principal característica y fomenta de una manera u otra las así llamadas redes ciudadanas o redes de comunidades, sin dejar de lado lo comercial, que desde luego campea en la red y contribuye a las dudas sobre la calidad de las ofertas por esta vía, pues se produce una infinidad de textos mediocres, mal hechos y a la rápida.

Sin embargo, el miedo a que el español quede marginado de la red ya preocupó hace años. Incluso se temía su extinción, pues se plantearon cuestionamientos en relación a su exclusión, no sólo en la red, sino también en las publicaciones científicas. Clemencia Téllez Villegas, Coordinadora Técnica de la Reunión de Centros de Información en Ciencia y Tecnología, convocada por la OEA, afirma: “La circulación de la información, el acceso a las publicaciones de América Latina se verían muy favorecidas en el momento que pudiéramos ofrecer bases de datos manejadas a través de internet y no solamente estar utilizando a internet como un mecanismo para llegar a otros bancos de datos internacionales”.  

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Para demostrar que la situación está cambiando paulatinamente, pero que llevará su tiempo, hasta que las otras lenguas se pongan al día en la red, va la siguiente tabla sobre la presencia de las lenguas en la red *6:

ALEMÁN (174934) Euskara (4316)

Marati (63)

Africans (136) FRANCÉS (72543) Polaco (65372)
Árabe (508) Faroese (36) Portugués (8504)
Armenio (174) Gallego (494) Rumano (5235)
Azerbayán (327) Griego (2944)  Ruso (9056)
Bielorruso (25) Hebreo (342)  Sueco (37302)
Bosnio (690)   Hindú (92) Suomi (5754)
Búlgaro (1112)  Holandés (35504)   Tagalog (177)
Catalán (8775) Húngaro (1752) Tailandés (969)  
Chino simplificado (3813) Indonesio (5439)  Taiwanés (176)  
Chino tradicional (3327)  Interlingüa (67)  Telugu (176)
Croata (620)  Italiano (42171)  Tamil (114)
Coreano (13194) Japonés (24582)  Turco (4571)
Eslovaco (150)   Kiswahili (64) Ucraniano (851)
ESPAÑOL (87612)  Latviano (180) Vietnamita (80)  
Esperanto (2560) Lengua latina (102)  

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A mi modo de ver, el temor inicial que hubo en relación a la desaparición del español es infundado. Si bien es difícil comprobar si estas cifras son válidas en lo que se refiere a la presencia actual de lenguas en la red, hay diferentes organizaciones e instituciones que se preocupan por defender la diversidad cultural y lingüística en el ciberespacio y que se ocupan de desarrollar métodos de medición y también de formas de darle un tinte más bien social de “cómo usar el internet para el desarrollo”. Por ellas se sabe que el diagnóstico es tranquilizante, pues la presencia del inglés en la red ha bajado de un 75% en 1998 a un 50% hoy día (en términos de porcentaje de páginas en inglés en la red). Los usuarios de habla inglesa no están aumentando mucho en número, mientras que las otras lenguas van creciendo bastante, especialmente el chino, de modo que en los últimos tres años, lo “no-anglosajón” ha crecido en más del 50% *7. Quiere decir que la presencia cultural en la red es proporcional a la presencia de la lengua correspondiente.

De manera que, al parecer, la transición inicial de la red, en la que reinaba el inglés, ha concluido. El inglés continúa siendo la lengua de intercambio preferida en el mundo comercial y científico y permanecerá con ventaja, pero ésta ya no será absoluta, puesto que más del 10% de personas hablan inglés como su primera o segunda lengua. El dominio de la red estará más bien a cargo de aquellas personas que hablen varios idiomas. El futuro de la red está en el multilingüismo, existiendo además un requerimiento de programas de traducción de mejor calidad, pero cada cultura tiene que esforzarse en escribir y en producir en su propio idioma.


Curiosamente, el número total de hablantes de lenguas latinas es más alto que el de las lenguas anglosajonas, pero las que preocupan son las poco habladas fuera de su propio núcleo y éstas existen en todas partes y, en mayor diversidad, especialmente en el África. Es bueno tener presente que la diversidad nos enriquece y que cada cultura puede, si quiere, contribuir a la así llamada “Torre de Babel virtual”.

De todas formas, afortunadamente, los hispanos en EE.UU. prefieren usar la red en español, aun siendo bilingües, aumentando el porcentaje de 39% el año pasado a un 55% hasta febrero de este año (2002) *8.

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Una fuente de deterioro lingüístico


Pero el peligro de deterioro de la lengua no está sólo en el dominio del inglés en la red. También se puede apreciar un lento pero seguro “echarse a perder” (o a lo mejor los más optimistas lo ven como una “evolución” positiva, como un incentivo a la libre expresión), del idioma en los textos de los así llamados chats o “chateos”, es decir, las conversaciones electrónicas e intercambio de mensajes instantáneos por la red:

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Para ilustrar lo dicho, me permito mostrar
un mensaje electrónico ficticio, que de acuerdo a estos nuevos códigos de comunicación, sería más o menos así:

Hola Fede:

Te cuento que tb pase un finde pesimo, pq mi compu no funkaba. No entiendo ke pudo pasarle...Tons no pude chatear ni nada. Porfas, avisame cuando y a ke hora daras tu confe. Perame tantito si no llego a tiempo, pero mi ma, por terme a su lado, fija ke me va a dar alguna tarea.

Becho,

Na

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Se pueden observar varias alteraciones o variaciones:

Primero: La manera de dirigirse al recepcionista de la nota es muy personal, informal, como en este caso, simplemente “Hola”, pero también puede ser dirigida a más personas, escribiendo algo así como: “Queridits o muy queris”, que suple al, por ejemplo, “Estimados o apreciados amigos”

Segundo: están desapareciendo los signos de interrogación o admiración al principio de la oración (¿Influencia del inglés o teclados en inglés que no permiten usarlos?). El argumento más decisivo, sin embargo, es que se evita un tecleo extra “innecesario”.

Tercero: la ortografía no tiene importancia, especialmente en relación a los tildes. Ya no hay el cuidado de colocarlos (¿Influencia del inglés o teclados que no incorporan tildes?).

Cuarto: se abrevia lo más que se puede, hasta lo que uno nunca se imaginó que podía abreviarse, como la palabra “también”, que se convierte en “tb”, “noticias” en “notis”, “demo” por demostración, etc.

Quinto: Algunas vocales se repiten varias veces, (no hay una medida prescrita), alargando la palabra. Se supone que sirven para expresar una cantidad o tamaño grande de algo, o mucho amor o cariño o tiempo utilizado en alguna ocupación, como por ejemplo: “haaaarto correteo!” (No aparece en este mensaje).

Sexto: Algunas terminaciones de palabras pretenden tener un tinte oral, “transigiendo”, como diciendo “yo escribo como hablo y que no me vengan con reglas”, así, en lugar de “tranquilitos”, por ejemplo, se escribe “tranquilitis” o podría haber sido también, “tranquilits”, etc. (No aparece en este mensaje).

Séptimo: la “k”, en lugar de la “qu”.: “...lo que tú dices, no funka”, donde debería decir, “...no funciona”.  La preferencia por la “k” se explica: la “qu” exige dos tecleos o tres, en caso del “que”; el uso de la “k”, sólo uno.

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Octavo:
Se tutea. El uso del pronombre “usted” desaparece.

Noveno: Si tuviéramos que leer la nota en voz alta, sonaría más o menos así:

(leer sin tildes, con terminaciones “chucutas”, etc.).

De manera que se está desarrollando un nuevo lenguaje, un nuevo código de lenguaje, casi secreto, casi entre cómplices de algo que, aparentemente, hasta puede ser un juego, pero que conlleva ciertos riesgos. Además aquí entra en juego un elemento semiótico interesante y que verdaderamente parece un juego: los así llamados emoticons o íconos, que expresan el estado de ánimo del que escribe. Nótese que digo “escribe”, siendo así que el que comunica no está “escribiendo” en el sentido estricto de la palabra y, no obstante, está expresándose, para nuestra época, de manera increíblemente efusiva y clara, probablemente más clara, breve, rápida y divertida que con la mismas palabras.

Y por último, un “emilio” español auténtico, de un cura homosexual de Huelva, que buscaba novio por la red *9:

“Kiero un novio, k´ño, un novio chaser, de Sevilla ooooooo serkita. Ea, adió, nos femo”.

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La salvación por la informática

De cualquier manera, podemos concluir que la informática es un factor decisivo en la preservación del idioma dentro del mundo virtual. Los informes, cartas, certificados, resúmenes, intervenciones en conferencias y toda la así llamada “literatura gris” se han favorecido con la automatización de la lengua. Indudablemente también la traducción automática colaborará en este sentido, convirtiendo todo texto producido originalmente en inglés a cualquier otro idioma, permitiendo así el acceso a la sociedad de información.

Y si hacemos un esfuerzo por ver con buenos ojos esta evolución, tenemos que admitir que esta forma de redactar mensajes electrónicos expresa sintéticamente lo que de otro modo habría que escribir haciendo uso de más frases, incluso de oraciones elaboradas que se asemejarían mucho al estilo de redacción de una carta del siglo pasado. En cambio, esta forma de expresión nos permite acortar palabras o introducir palabras especiales. Este lenguaje, por su eficacia, es el más utilizado en las comunidades virtuales, debido a que los términos en cuestión o las expresiones, dicen mucho. Uno de estos casos, es por ejemplo, el del verbo “implementar”, que expresa de una manera más precisa lo que se quiere decir con “ejecutar” o “implantar”.

Como suele suceder, sin embargo, el uso los va a convertir en parte del idioma. Y ahí surge el problema para todas aquellas personas que trabajamos en la elaboración de diccionarios electrónicos. Sin duda, no es fácil hacer que estos términos encuentren su equivalente en cada idioma, pero hay la necesidad de hacerlo, para que la comunicación sea sintética, eficaz y expresiva, pero no deformante.

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Aquí se presenta un problema: el lenguaje utilizado en los mensajes electrónicos instantáneos es más bien coloquial, informal, casi caprichoso. Se trata de un lenguaje, en este caso, parecido al que usan los adolescentes, es decir, un lenguaje que tiene su momento, su auge, pero que no perdura; más bien cambia y la próxima generación, a lo mejor tendrá o inventará otro. De hecho, encuentro que este lenguaje está bajo la total influencia de los adolescentes, que son, entre otras cosas, importantes usuarios de la red (15% sólo en Europa) *10. Y esto dificulta el trabajo terminológico aún mucho más, puesto que en circunstancias “normales”, es muy dudoso que estos términos sean acogidos en un diccionario común y corriente; empero, recordemos que los diccionarios electrónicos son dinámicos y flexibles. De manera que esto nos permite acoger estos términos, llamémoslos “fluctuantes” o “de moda”, pero útiles y eficaces para la comunicación, de forma momentánea, NO PERMANENTE, eliminándolos en el momento en el que ya no sean utilizados o no le sirvan al usuario en cuestión. Pero se trata de términos que en determinado momento tienen que ser traducidos, entonces el manejador de la base de datos lexicológica tiene una responsabilidad grande, no sólo por buscar el término equivalente más pertinente para almacenarlo, sino, inclusive, inventarlo o crearlo para su uso en la traducción.

Aparte de promover la introducción de estos términos considerados útiles, también habría que lograr que lleven algo de nuestra identidad. ¿Por qué no usar, por ejemplo, a partir de ahora, el término qopuchar *11 en lugar de chatear? Los chilenos han usado esta palabra desde siempre en su lenguaje oral, tal vez sin darse cuenta de que es una palabra de origen aymara, pero que expresa a cabalidad el hecho de “platicar”, “charlar”, o “conversar en ronda”.

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Debo decir, no obstante, que el problema en nuestro idioma es más serio de lo que parece a primera vista. Para poder describir los nuevos objetos y conceptos de la era tecnológica actual, se estima que un idioma necesita crear 3.000 nuevos términos al año. Los países latinos estamos lejos de alcanzar esa cifra. Francia, que ha montado una enorme infraestructura político-lingüística, sobre todo en neología, ha creado cerca de 3.000 términos, necesitando para ello un período de varios años. La situación en los países de habla castellana es mucho más grave.

Además existe el problema adicional que supone la diversificación a la hora de dar nombre a los conceptos, los procesos o los objetos, incluso entre unos y otros países que poseen la misma lengua. Los técnicos y científicos de habla hispana se ven frustrados al querer comunicar entre sí sobre temas especializados.

Amelia de Irazazabal, Directora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, opina lo siguiente: “Se persigue, por tanto, unir nuestros esfuerzos con el fin de conocer nuestros recursos terminológicos para defender las lenguas latinas y dar a estos idiomas la importancia que se merecen y, así, evitar que el inglés nos colonice, debido a que los países de habla inglesa son los que poseen la tecnología de punta”.

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Para finalizar, me atrevo a dar una sugerencia: los países que compartimos una misma lengua deberíamos presentar propuestas orientadas a la creación de neologismos propios y acordes con nuestro pasado lingüístico, y a la normalización y unificación terminológica, sobre todo en ciencia y tecnología, para acabar con la confusión y la diversificación terminológica, como lo está haciendo, por ejemplo, la organización “RITerm” o Red Iberoamericana de Terminología, con sede en una de las principales universidades en Caracas, Venezuela. Visto desde esta perspectiva, la red representaría para todos una magnífica oportunidad, no sólo para enriquecer nuestro idioma mediante los diccionarios electrónicos y páginas multifacéticas en la red, sino para hacerlo prevalecer.

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REFERENCIAS

*4       “Apartheid electrónico” – Alfonso Gumucio Dragón – febrero 2002
          (de la red)  
*5       idem
*6       Presencia de lenguas – “Web Languages Hitparade” – marzo 2002
          (de la red)
*7       idem
*8       idem
*9        (Revista ABC, Madrid, España-febrero 2002)
*10     Según una información (de la red) el 15% de adolescentes europeos
          es fanático de la red – Fuente: Baquia - abril 2002
*11     “Qopuchawi”, término adoptado por el Ing. Iván Guzmán de Rojas para
          denominar al sitio de conversación en la red en el que se envían
          mensajes instantáneos traducidos simultáneamente por el traductor
          automático boliviano “ATAMIRI”; proviene del verbo aymara
          “qopuchaña”, que significa platicar.


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Gladys Dávalos Arze es escritora y lingüista boliviana.  

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