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6 de noviembre de 2002


Tribuna de opinión

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Silvia E. Agosto
CONCLUSIONES DEL FORO DE UNIDAD EN LA DIVERSIDAD:
Los “ismos” tiñen y enriquecen el español

Nuestro idioma, una lengua cromática
¿De qué hablamos cuando hablamos de americanismos?
Cuando las variables regionales conllevan una valoración
El futuro del español, ¿Roma, Babel o el don de lenguas?

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Los «ismos» que marcan diferencias locales, nacionales y regionales constituyen una de las características del español que lo tiñen y lo enriquecen. Por ello es muy saludable conocerlos, hacerlos pasar las fronteras y contaminarnos con la inmensa riqueza de las voces de nuestro idioma.

El cuarto debate impulsado por Unidad en la Diversidad, «Americanismos y otros ismos del español actual» demostró con claridad el interés de nuestros lectores y amigos por debatir sobre el español y compartir sus visiones, opiniones y dudas sobre un aspecto tan central del idioma como es el vocabulario y sus variantes regionales.

A lo largo del debate se abordaron varios aspectos estudiados por la lexicografía, tanto desde un punto de vista estrictamente teórico y lingüístico como desde una perspectiva social y cultural.

Un primer eje ha sido la reflexión y el aprendizaje mutuo sobre las particularidades regionales, ya que los lectores preguntaron, pusieron en común y discutieron sobre expresiones o vocablos que se usan sólo en un país de habla hispana o que tienen diferencias de sentido según la región que se tome en cuenta.

El segundo aspecto que ha despertado gran discusión se relaciona con la sociolingüística y sobre cómo las particularidades son percibidas –positiva o negativamente– por algunos hablantes.

El intercambio de opiniones sobre el concepto de «americanismo» ha sido sin duda otro de los grandes temas debatidos, y en este tercer punto los «foristas» reflexionaron profundamente, poniendo en duda o reafirmando la pertinencia de esta categoría teórica.

Finalmente, un cuarto aspecto debatido fue el futuro del español. Desde una perspectiva que se podría llamar «futurista» algunos participantes sugirieron que la diversidad traería aparejada la ruptura de la unidad, en tanto que otros sostuvieron que la unidad está garantizada.

Esta división en cuatro ejes temáticos dista de resumir la riqueza del intercambio en el Foro, pero busca brindar a todos los amigos de Unidad en la Diversidad un orden de exposición para sintetizar los temas tratados.

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Nuestro idioma, una lengua cromática

El presidente de la Academia Chilena de la Lengua, Alfredo Matus, sostiene que el español constituye «un patrimonio colectivo propio de los cuatrocientos millones de hablantes y, junto con él, otros patrimonios, como el argentino, el cubano, el chileno, que se manifiestan en nuestros usos y en nuestros modos lingüísticos y que no afectan a la unidad esencial, sino que la tiñen, le dan colorido, perspectiva y profundidad».

A lo largo del debate se sucedieron numerosas expresiones que dieron cuenta de este cromatismo, en expresiones, frases o giros que se utilizan sólo en ciertas zonas del mundo hispano.

Así, se comentó que la palabra coloquial o vulgar currar es sinónimo de trabajar en España pero significa robar en la Argentina; guapo es bello en Madrid y valiente en Buenos Aires; asado es carne de vaca asada en la pampa sudamericana pero es cordero asado en Castilla, o «echar los perros», que en un lado quiere decir sermonear a alguien significa cortejar en Colombia.

También se trató el tema de la supuesta «redundancia» de las expresiones subir arriba y bajar abajo o descambiar y el extrañamiento que produce en hablantes de una u otra región el uso de palabras consideradas «tabú», como coger, muy utilizada en España pero que tiene una denotación diferente en varios países de América.

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¿De qué hablamos cuando hablamos de americanismos?

La clasificación es una de las tareas que realiza la Humanidad en su afán por comprender y explicar el mundo, y en el campo de la lexicografía, la división entre palabras generales, regionales, vulgares, coloquiales y otras, ha guiado el trabajo de filólogos y lingüistas a lo largo de la historia.

Pero estas categorías pueden ser cuestionadas en diferentes momentos históricos y por ello uno de los temas del debate ha sido la eficacia o pertinencia del término americanismo a la hora de explicar ciertos fenómenos del léxico castellano.

Numerosos autores han tratado este tema. Por ejemplo, Carlos Coello Caima, presidente de la Comisión de Lexicografía de la Academia Boliviana de la Lengua, expresó que el concepto «americanismo» está ligado a una visión eurocéntrica hispano-castellana y que el nacimiento de estas voces se remonta a las necesidades de comunicación de los conquistadores españoles.

Coello Caima agregó que el concepto tiene distintas acepciones, ya que desde un enfoque histórico-genético designa a la palabra procedente de América, aludiendo a su origen o lugar de donde proviene, pero también se refiere al uso diferencial, pues se considera que un americanismo es cualquier rasgo lingüístico usual en América y no en España

Otro lexicógrafo, el argentino Francisco Petrecca, afirmó que «la noción de –ismo geográfico (americanismo, argentinismo, bolivianismo, etc.) es una aproximación; el problema de los –ismos es que, en un sentido estricto, deben ser palabras que se utilizan en tal lugar y no se usan en tal otro, y eso es imposible porque el lenguaje no tiene las mismas barreras políticas que los países».

Ambos expertos han estudiado este tema, analizando las ventajas y desventajas de estas clasificaciones. Muchos «foristas» cuestionaron estas categorizaciones por considerarlas eurocéntricas, ya que, como algunos han planteado, se echa en falta la reflexión sobre «españolismos» en la misma medida en que se estudian las variantes de los países americanos.

La necesidad de clasificación puede ser útil para el estudio de la lexicografía y en esta tarea se encuentra Gunther Haensch, uno de los impulsores del proyecto Diccionarios Contrastivos del Español de América, destinado a recoger glosarios del español de diecinueve países de América Latina.

El especialista declaró que el castellano es «un sistema con veinte subsistemas» y que cada una de sus variedades «tiene su derecho a existir», para lo cual «lo mejor es que se conozcan para que cada uno respete al del otro», una reflexión que se puede dejar como conclusión de este aspecto del debate.

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Cuando las variables regionales conllevan una valoración

A raíz de la discusión sobre la pertinencia de la clasificación de los ismos, varios lectores expusieron experiencias, tanto ajenas como personales, sobre el rechazo de ciertos hablantes a las diferencias desde un punto de vista ideológico.

En este aspecto, se comentó que algunos grupos consideran a la variable peninsular –el español de España- como la única norma válida, en detrimento de otras normas pertenecientes a los países americanos.

Asimismo, en algunos países de América la variación lingüística es considerada negativamente y se busca una homogeneización teniendo en cuenta la norma de la ciudad capital de cada país, dejando de lado las diferencias en el seno de una misma nación.

Por ejemplo, empresarios de Buenos Aires suelen rechazar a un empleado si tiene un acento de provincias o de otro país latinoamericano porque le adjudican a esta diferencia lingüística una valoración negativa.

Las categorías descriptivas que dan cuenta de giros, palabras y otras expresiones lingüísticas usadas en ciertas zonas del mundo hispano son percibidas por algunos hablantes como «desviaciones, corrupciones o vicios» sin tener en cuenta que se trata de matices que enriquecen y hacen más grande la lengua común.

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El futuro del español, ¿Roma, Babel o el don de lenguas?

Las ideas de unidad y diversidad del castellano, expresadas en el propio nombre de nuestro portal, fue puesta en cuestionamiento por algunos «foristas», que consideraron que la riqueza del español residía en su unidad, más allá de las diferencias.

Es decir, ciertos participantes preferían «renunciar» a las variedades en pro de la unidad, rechazando la idea del cromatismo de la lengua castellana expresada por Alfredo Matus y buscando la homogeneidad como una forma de garantizar el mutuo entendimiento.

Según estos foristas, si las diferencias se acrecentaran llegaría un momento de gran diferenciación, comparable a la división del mundo romano y la transformación del latín vulgar en las llamadas lenguas románicas –español, francés, portugués, entre otras-.

La profecía de una Nueva Roma u otra Babel fue rechazada por otros foristas, que opinaron que la diversidad está en la esencia misma de nuestra lengua y que lejos de ser una barrera para la comprensión constituye un patrimonio compartido por millones de hablantes.

Este otro grupo de opinión sostiene que las telecomunicaciones, el contacto entre países y la existencia de instituciones normativas, como las Academias de la Lengua, garantizan la unidad lingüística del mundo hispano.

Cabe agregar que otros participantes aclararon que ningún idioma vivo está fijado y que su evolución hace que en cada grupo humano surjan expresiones nuevas que se mantienen en esos grupos durante más o menos tiempo.

En síntesis, salvo algunas excepciones, los participantes del debate han sostenido que las diferencias constituyen una de las características del español que lo tiñen y lo enriquecen y es muy saludable conocerlas, hacerlas pasar las fronteras y contaminarnos en la inmensa riqueza de las voces españolas. (Comunica. 06-11-02).


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Silvia E. Agosto, periodista y filóloga argentina, integra el equipo
 de Unidad en la Diversidad.

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