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27 de noviembre de 2002 | |
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| Tribuna de opinión | ||
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EDUARDO CASTRO MALDONADO Gramática Parda o el deterioro que sufre el lenguaje
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Tomo prestado el título de la novela de Juan García Hortelano para expresarles aquí mi preocupación por el deterioro que sufre el lenguaje. No sé cómo ni qué enseñan ahora en las clases de Gramática –ni siquiera sé si hay ya clases de Gramática–, pero el caso es que, a pesar del optimismo recientemente manifestado por los responsables del Instituto Cervantes, tengo la impresión de que en España cada vez se habla y se escribe peor. Las reglas de ortografía parecen haber desaparecido de los manuales escolares, mientras las palabras se emplean con un significado distinto a veces, si no contrario, al que les asigna el propio diccionario. Usar ‘donde’ por ‘cuando’ o ‘en que’ (“el año donde se tenía que graduar…”), confundir los números ordinales con los fraccionarios (‘doceavo’ por ‘duodécimo’ o ‘décimosegundo’) o usar en su lugar los cardinales (el ‘cincuenta’ por el ‘quincuagésimo’ aniversario), son errores cada día más extendidos, por no hablar de las ‘problemáticas’, los ‘puntuales’, los ‘en base a’, las ‘puestas en valor’, los ‘a nivel de’ o los ‘largos etcéteras’ tan en boga últimamente. Y qué decir de los laísmos, leísmos y loísmos que, a través de cadenas de televisión, emisoras de radio y periódicos de alcance nacional van camino de imponernos desde Madrid al resto del Estado. | ||
Con este panorama, no es de extrañar, pues, que cada día se oigan y lean más disparates lingüísticos, disparates que políticos, artistas o periodistas –sobre todo, radiofónicos y deportivos–, entre otros especímenes públicos, ayudan luego con su popularidad a difundir, implantar y multiplicar entre el personal de a pie. Sin incluir las erratas, que no cuentan, es frecuente oír o leer en diferentes medios informativos que el paro, por ejemplo, ha descendido o aumentado en “cincuenta y un mil personas”, o que ante tal o cual institución estaban “concentrados miles de personas”. Pero, tratándose de personas, como es el caso, ¿no deberían haber sido “cincuenta y una mil” y haber estado “concentradas”, por muchos miles de ellas que llegaran a juntarse? Peor es cuando la confusión de género arranca del reglamentario cambio de artículo anticacofónico: como se dice ‘el área’ y ‘el águila’, nunca faltará quien también diga o escriba ‘el gran área’ y ‘los águilas voladores’. Y es que, desaparecida tiempo ha la figura del antiguo corrector, los periódicos confían ahora su función al propio sistema informático. El caso es que cualquier procesador de textos con el que se trabaje (el ‘WordPerfect’ o el ‘Word de Windows’, en mi caso) tiene incorporada la posibilidad de revisión y/o corrección automática de su escritura; lo que pasa es que si a usted se le escapa la palabra ‘bívora’, en lugar de decirle que cambie el orden de la ‘b’ y la ‘v’ para transformarla en ‘víbora’, el corrector ortográfico pretende reemplazarla por la palabra ‘bífora’, que vaya usted a saber qué será. Aunque esto, al fin y al cabo, no deja de ser ‘pecata minuta’ en comparación con los avisos del corrector gramatical, que, tras pedirme que revise la frase “ante tal o cual institución estaban concentrados miles de personas”, en vez de subrayar la discordancia de género antes apuntada, no tiene mejor ocurrencia que advertir: “Si ‘institución’ es el sujeto de ‘estaban’, hay un error de concordancia”. Y en la frase “que les asigna” me advierte que, si ‘que’ es singular, a ‘les’ le sobra la ese. En fin, que más parece una nueva guerra fría entre los servicios de inteligencia del ordenador y el hombre. | ||
En cuanto a los laísmos, leísmos y loísmos cada vez más extendidos por toda la geografía peninsular, me limitaré a exponerles un buen ramillete de ejemplos de la más variada procedencia y que, en mi opinión, deberían hacer (o haber hecho) sonrojar a sus autores –todos ellos, escritores o traductores de reconocido prestigio– a poca sangre que corra (o corriese) por sus venas. Son sólo algunos de los muchos ejemplos recogidos en mi archivo personal de citas, donde, junto a frases o párrafos seleccionados por su propia enjundia o simple belleza literaria, figuran asimismo errores o fallos de bulto como los que paso ya a reproducir: “Los diecisiete estornudos consecutivos de don Bernardo en las primeras horas de la mañana eran proverbiales. Él los daba vía libre de modo que…” (Miguel Delibes, ‘El hereje’); “Se fijó en las cuartillas, las echó un vistazo…” (Juan José Millás: ‘Tonto, muerto, bastardo e invisible’); “La muerte de un perro me llevaba, por primera vez, traicionar a mi mujer, mintiéndola…” (Félix Bayón: ‘Adosados’); “Marcelo la había besado el pelo” (Elvira Lindo: ‘El otro barrio’); “Sueño con ella, la veo los senos… y me hacen feliz” (Luis Mateo Díez, ‘Las horas completas’). Pero, ¿es que no le enseñaron a este, por otro lado, excelente novelista a diferenciar el complemento directo del indirecto? ¿Cómo puede, entonces, escribir –en la misma obra—“la noté un nerviosismo extraño”? Con lo fácil que le hubiera resultado acertar, teniendo dos formas correctas para elegir: “La noté nerviosa” o “le noté un nerviosismo extraño”. El propio García Hortelano, en su ‘Gramática parda’ –de la que precisamente tomé prestado el título de esta columna– cae en ello por dos veces en la misma página, en donde primero escribe “puedo asegurarla que…”, para rematar más tarde con esta perla: “Pretendo que me devuelva la diadema que la regalé”. No es de extrañar, con estos ejemplos, que alguien llegado de fuera (de otra cultura y otro idioma materno) caiga también, por muy estudioso que sea de nuestra lengua y nuestra literatura, en faltas de este tipo: “Un día la pegó” (Ian Gibson: ‘Viento del Sur’). | ||
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Pero peor es cuando el fallo se comete al traducir, haciendo quedar mal al autor extranjero sin que él mismo lo sepa. Aquí los ejemplos recogidos en mis notas son más abundantes, pero me limitaré sólo a dos de los más recientes: “Como marido yo era tan desastroso que merecía que me abandonaran. Y cuando me enfadaba, la maltrataba, incluso la pegaba”. (Haruki Murakami: ‘Crónica del pájaro que da cuerda al mundo’, traducido por Lourdes Porta); “Bien que la pagan por cuidar niños ajenos” (Majgull Axelson: ’La bruja de abril’, traducido por Jesús Pardo). En fin, no me negarán que la cosa tiene bemoles, aunque en este caso habría quizás que añadir también “bemolas” y “bemolos”. Y conste que, para no cansarles, he procurado ser discreto con las citas, pues entre las muchas que tengo recopiladas figuran algunas de ilustres académicos e incluso de algún que otro candidato a premios de la categoría del Cervantes o el Nobel de literatura. Pero, ¿qué cabe esperar de unos señores –me refiero a los académicos, y lo digo sólo como ejemplo de flagrante parcialidad– que se permiten la desfachatez de incluir, en la última edición del Diccionario oficial de la RAE, la acepción de la palabra ‘merengue’ como sinónimo de ‘madridista’, al tiempo que ignoran –eso sí, olímpicamente– las palabras ‘culé’, ‘che’, ‘colchonero’, ‘rojillo’ y tantas otras con las que se definen e identifican los equipos y aficionados de los demás clubes balompédicos? La verdad es que no sé por qué me preocupo tanto, cuando el propio Instituto Cervantes certificó hace poco la buena salud de nuestro idioma y la Asociación de Academias de la Lengua Española llegó incluso a vaticinar que “en un futuro inmediato será aún mejor”. ¿Habrán tenido en cuenta la implantación del infinitivo en modismos como ‘empezar con’, ‘decir que’ o ‘añadir también’ (tan en boga de un tiempo a esta parte), o los ‘pero sin embargo’ (que no sé por qué no se completan con ‘mas, empero, en cambio, no obstante’), por no hablar de los ‘como muy’, los ‘super’ y los ‘guay’ (ya en claro retroceso) o los flamantes ‘significar’ (leídos u oídos prácticamente a diario)? ¿Acaso el uso de significar como sinónimo de decir, declarar o manifestar (“Fulanito significó que la culpa fue del árbitro”) y los demás ejemplos son síntomas de buena salud lingüística? | ||
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Eduardo Castro Maldonado es miembro de la Comisión de Asuntos Profesionales y Deontológicos de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España. | ||
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