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5 de marzo de 2003 | |
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| Tribuna de opinión | ||
LYLIANA COLOTTOEl español entre ambos lados del charco
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Entre… sintácticamente, como toda preposición, nos permite el enlace de las palabras, pero la elegí por su semántica, por el sentido de cooperación que encierra una de sus acepciones, pues es lo que sucede con nuestra lengua, la de este lado y la del otro lado del charco. El español no pertenece totalmente ni a España ni a la América Hispánica, es una lengua compartida, es una lengua que está nutrida por los hablantes de aquí y de allí, de acá y de allá… Es ese entre lo que le dará un rasgo diferente, especial, único y cooperativo. Es el español una lengua enriquecida por todos los que la hablamos y la usamos a diario ya como nativos, ya como profesores, ya como segunda lengua o lengua extranjera, todos los que por un motivo u otro nos servimos de ella para comunicar y comunicarnos. Muchas veces he escuchado referirse a las lenguas de la América hispánica como venezolano, colombiano, argentino, chileno, etc. y en un principio me resultaba un tanto extraña y hasta despectiva dicha clasificación… porque para los que hemos nacido en Hispanoamérica la lengua, nuestra lengua, siempre ha sido el español o castellano, de manera que al escuchar esas otras denominaciones, a mis oídos, sonaban un tanto peyorativas… He de confesar que la perspectiva, y por qué no la sabiduría que a veces otorgan el tiempo y la distancia, con mis muchos años en tierra peninsular, me han hecho cambiar de opinión y de sentimiento y, contrariamente, cuando escucho esos términos me alegro, ya que es una manera de individualizar cada región con todas las connotaciones positivas que carga cada uno de esos términos, pues ‘son modalidades regionales con fuerte personalidad, pero modalidades y no dialectos’ (Antonio Llorente), que en ningún momento impedirán la comunicación entre sus habitantes, debido precisamente a que existe ‘un importante componente léxico general’ (José Moreno de Alba), que asegura la comunicación entre los hispanohablantes, al margen de las peculiaridades que identifican a cada región, las que lejos de desmembrar el idioma lo enriquecen con la variedad de matices que presentan, y así ‘se fortalecerá cada vez más la unidad básica y se vigorizará asimismo la pluralidad léxica regional’ (José Moreno de Alba). La corrección ligada a la norma lingüísticaNo es posible hablar de una sola forma del español como correcta o válida, es injusto y carece de sentido considerar tal o cual forma regional como la mejor. El planteo que debemos hacer para hablar de corrección no es a partir de una determinada región, zona o ciudad, sino que ha de estar ligado al de norma lingüística y al de niveles de lengua. Pues ‘un funcionario de Madrid se entenderá mucho menos con un campesino de La Mancha que con un profesor de Buenos Aires’ (Ángel López García). Está claro que las modalidades que varían son superficiales como el léxico o la entonación o la pronunciación que están a nivel del habla y no de la lengua, de allí también que no podamos hablar de dialectos, pues el nivel más profundo de la lengua como son su gramática (la morfología y la sintaxis) y su ortografía son plenamente compartidas. No es mi intención aquí hacer una historia de la lengua española, amplia y excelentemente tratada ya por muchos especialistas y estudiosos del español, sino más bien reflejar el lado cooperativo que posee nuestra lengua, mostrar cómo ella se nutre y se renueva gracias a todos sus hablantes. | ||
Cuando llegaron los conquistadores y los colonizadores a América, éstos llevaban su idioma como única riqueza, pues la otra riqueza era la que iban a buscar allá, ambicionaban el oro que había por aquellos parajes extraños y alejados de todo mundo conocido… el otro motivo del viaje fue la evangelización y para tan ingente tarea hubo que tomar una doble decisión: aprender el idioma local y enseñar a los indígenas el idioma de los colonizadores, el que, como toda lengua invasora y conquistadora, terminó imponiéndose, logró su dominio por encima de las lenguas autóctonas. Pero en ese primer intercambio se produce la incorporación de muchas palabras de las lenguas indígenas, sobre todo aquellas relacionadas con la alimentación y con la vida cotidiana, ya que este léxico hace referencia principalmente a los alimentos… así ha llegado hasta aquí (España) el chocolate, el cacao, el maíz, el aguacate o palta, el cacahuete o maní, la papa, la batata, el poroto, el tabaco, la canoa, la hamaca, el tomate, el chicle. Y también los hay referidos a la flora y a la fauna, pero estas palabras no llegaron solitas sino acompañadas por los mismos productos… todo se trajeron los conquistadores torvos, como nos dirá Neruda, quienes arrasaban con todo lo que había a su paso, todo lo querían, nada querían perderse de aquel mundo nuevo tan exótico para sus ojos… pero también los españoles dejaron allá sus voces, su idioma ‘se lo llevaron todo y nos dejaron todo… se llevaron el oro y nos dejaron el oro…’ confesará Neruda en sus memorias aludiendo a la riqueza de nuestro idioma y, como resabios nostálgicos de aquella época colonizadora, algunas palabritas quisieron quedarse del otro lado del charco hasta nuestros días… el balde (cubo), lindo(bonito), enojarse (enfadarse), zonzo (tonto), fríjol (judías, alubias), pálpito (corazonada, presentimiento). Son estas palabras las que tenían plena vigencia en el siglo XVl en la península, pero luego aquí dejaron de usarse, resistiéndose a su desaparición en América. La lengua española que llevaban los que hasta allí llegaron, tenía ya unas características en cuanto a pronunciación, entonación y vocabulario o léxico. | ||
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La mayoría de los que fueron eran andaluces, llevaban consigo una manera de hablar, una pronunciación, una entonación específica de la región, un rasgo importante que dejará su impronta en el español de América: será precisamente el ‘seseo’, el uso del pronombre ‘ustedes’ desapareciendo así la dicotomía existente en la península de ‘vosotros-ustedes’ y un vocabulario amplísimo, que lejos de ser arcaico o antiguo, es un léxico que si bien se remonta al siglo XVl, tiene plena vigencia otorgándole a la lengua mayor riqueza, como decíamos en párrafos anteriores. Pero además de estas voces llevadas por los españoles y que siguen vigentes allí, están también aquellas voces que sólo se usan en América y otras que sólo tienen su uso en España: así en lugar de ‘conducir un bonito coche con matrícula’ pues por aquéllas tierras podremos ’manejar un lindo auto o carro con patente o placa o chapa’. Podremos asistir a una fiesta con ‘una linda pollera y un saco’ y estaremos tan bien arropados como con ‘una falda y una americana’, podremos ‘tomar el ómnibus o el colectivo o la guagua para ir al centro a mirar vidrieras’ en lugar de ‘coger el autobús para mirar escaparates’, los bebés por allá ‘tomarán la mamadera’ y no ‘el biberón’ , por allá cuando se acaba la carrera secundaria o universitaria ‘nos recibimos’ en lugar de ‘licenciarnos’, por allá se bebe ‘jugo’ y no ‘zumo’, se comen ‘duraznos’ y no ‘melocotones’, se comen ‘arvejas‘ y no ‘guisantes’ ,‘se lavan los platos en la pileta o batea’ y no ‘se friegan en el fregadero o pila’, en verano nadamos en la ‘pileta’ y no en la ‘piscina’, los profesores escribimos en el ‘pizarrón o tablero’ y no en la ‘pizarra’, a la conquista española se la recuerda con ‘el Día de la Raza’ y no con el ‘Día de la Hispanidad’. No debemos olvidar que sobre el español de América también han ejercido su influencia las diferentes corrientes inmigratorias que llegaron allí a finales del siglo XlX y principios del XX y que colaboraron, sin ellos saberlo, en esa tarea de ampliación del léxico. En fin… palabras, expresiones que no hacen más que ampliar este exquisito instrumento del pensamiento y de la comunicación y que son el evidente reflejo de que el idioma es algo vivo, que no sólo diferencia al hombre de los otros seres animados, sino que es él el que lo mantiene y lo recrea en el uso. Así será también él como usuario el responsable de su buen uso o mal uso, el responsable de su enriquecimiento o empobrecimiento, él deberá conocer la norma lingüística para saber elegir el registro de lengua según las diferentes circunstancias en las que se encuentre, y a partir de allí hablar de corrección o incorrección. | ||
Un aspecto que variará ampliamente entre el español de la península y sus distintas regiones, así como entre los diferentes países y regiones de América, serán los diminutivos. Existe infinidad de variaciones para denotar lo pequeño, la intensidad y el aprecio o afecto, y la actitud personal del hablante frente a lo que menciona: así encontramos –ito-ico-illo-cillo-cito-ecito (y sus femeninos) -ín, pero tampoco hay que ver aquí un rasgo de desunión, sino por el contrario de enriquecimiento de nuestra lengua. Con la independencia de los países hispanoamericanos, pero sobre todo con la creación, a finales del siglo XIX y en los comienzos del siglo XX, de las Academias de la lengua en los diferentes países y aliadas de la española, el español está plenamente arraigado como lengua propia y homogeneizadora de todas y de cada una de las regiones. A partir de ese momento podemos afirmar que el español comienza su carrera imparable hacia la consolidación. Cada país de la América hispana tendrá su entonación, su acento, su pronunciación, su manera peculiar de hablar este idioma, pero nada impide la comprensión, la comunicación entre los que la hablamos, muy por el contrario la enriquecemos, y si en lugar de hacer prevalecer la idea de la diferencia como sinónimo de inferioridad, rescatamos la idea de diferencia como aquello que nos complementa y nos completa, estoy segura de que ganaremos todos. Sólo así comenzaremos a ver la variadísima gama de entonaciones y pronunciaciones como una característica que suma y no que resta calidad, variedad y riqueza. | ||
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Lyliana Colotto, ítalo-argentina, es doctora en lengua española Bibliografía consultada: La lengua española, hoy. V.V.A.A. Coordinación: M.Seco y G.Salvador. Fundación Juan March, Madrid,1995 | ||
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