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Entre el mall, anglicismo que irrumpió
vertiginosamente en Costa Rica, y no sólo allí y la jubilación de la
ortografía propuesta por Gabriel García Márquez, hay una consonancia, según se
puede apreciar en estas dos columnas de Fernando Díez Lozada.
Don Gabriel, ¡sea más serio!
"Hay que humanizar las leyes de la lengua, jubilar la ortografía –terror del
ser humano desde la cuna–, enterrar las haches rupestres, firmar un tratado de
límites entre la ge y la jota y poner más uso de razón en los acentos
escritos... Hay que librar al español de sus fierros normativos para que entre
en el siglo XXI como Pedro por su casa..."
Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura, entre jocoso, demagogo,
panfletario e iluminista, lanza al mundo esta revolucionaria propuesta desde
el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española en la ciudad mejicana
de Zacatecas (que en un futuro puede ser Sakatekas).
Los expertos en el idioma castellano recibieron la ocurrencia con sobresaltos
y respingos. Alguien calificó la idea de "tonto discurso libertario". Otros
hablaron de insensatez o de síndrome de prima donna. La mayoría de ellos
sonrieron socarronamente y lo tomaron con el mejor sentido del humor.
El autor de esta columna –independientemente de que admire al máximo las dotes
literarias del eximio novelista– confiesa que el terror desde la cuna lo tuvo
solo por el coco y el hombre del saco, nunca por la ortografía; que las leyes
que deben humanizarse son, por ejemplo, las migratorias gringas y no
precisamente las de la lengua; que jubilar la ortografía contribuiría al caos
de los regímenes de pensiones; que es una grosería enterrar la hache, que
nunca molesta ni alborota, siempre está muda; que, en fin, la ge y la jota no
necesitan un tratado de límites ya que su distinción es evidente: la jota, al
contrario de la ge, puede bailarse...
El autor de esta columna, desde las mazmorras de la normativa gramatical (lo
que no le impide entrar al siglo XXI como Pedro por su casa), solicita a don
Gabriel que sea un poco más serio y augura para su propuesta, como mínimo,
"cien años de soledad". |
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La era del mall
En 1492 Cristóbal Colón descubre América. En 1821 Costa Rica logra su
independencia. En 1824 se produce la anexión del Partido de Nicoya. En 1856
son derrotados los filibusteros. En 1948 se proclama la Segunda República. En
1995 se inaugura el primer mall del país.
No, señor. Centros comerciales, modestos y autóctonos centros comerciales, los
hay desde hace tiempo. Pero el mall, lo que se dice el mall auténtico, como
los de Miami, Houston o Nueva York, entró en nuestras vidas en 1995: el Año
del Mall.
Lo importante es crear la ilusión. Hacernos sentir que estamos en el País de
las Maravillas, no al otro lado del espejo, como Alicia, sino al otro lado de
la Fuente de la Hispanidad.
Lo importante es la sugestión de que todo es más bonito, más barato, más
atractivo, más chic... en medio del placer, casi orgiástico, de que las cosas
son en inglés (¡claro!, estamos en un mall). Usted podrá deleitar su paladar
en el amplio food court comiendo subs o pita pocket en The Sandwich Shop, o
apetitoso seafood en Mr. Fish o hipercalóricas pastas en ltalian fast food o
exóticos caprichos chinos en King's Garden... Y, si desea gangas (everything
for one dollar), entre en Discount Store o adquiera un elegante esmoquin en
The Tuxedo House... Hay de todo en este paraíso in English, aunque de vez en
cuando se rompa el encanto con un tajante Pague aquí (no sea que alguien
quiera jugar de vivo, alegando que en el colegio siempre lo reprobaban en
inglés).
"El español es el idioma oficial de la nación". Artículo 76 de la Constitución
Política de la República de Costa Rica. ¿Quién sería el retrógrado que
escribió eso? ¿No pensó en la era del mall ?
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