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8 de octubre de 2003 | |
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| Tribuna de opinión | ||
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ROLANDO GABRIELLI Los cien trajes de la poesía nerudiana
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La crítica impresionista, no impresiona a nadie. La anecdótica, que basa sus "argumentos" en obsesiones, que personaliza, atiende emociones, traumas de infancia y se "apoya" en aspectos externos a la obra, naufraga en la patología de su propio autor. La crítica descriptiva, sentimental, que bucea en las solapas de la obra y en las amígdalas del poeta o autor, y tiene como referencia un vasto listado de detractores o amigos de la rosca y del círculo vicioso del discurso anoréxico, es un virtual ejercicio de antropofagia, subalterno y mezquino. Hace años que la crítica adquirió mayoría de edad, y pasó del platonismo romanticón a la ciencia literaria, y dejó de ser presa de las presunciones y de la buena voluntad o como de la mala leche, de quien se erige en crítico, aunque aún vista ropa de kindergarden y juegue a las bolitas con Tutankamon, que en paz descanse y nos perdone esta metáfora, como sagrada momia que es. La crítica de las tijeras y de algunas Penélopes, que tejen y destejen la red de Internet en búsqueda de la idea y del tema perdido (como Ulises bajo el hechizo de las sirenas); es tan miserable, como la que realiza un poetastro, contra quienes han abierto inéditas avenidas a la poética americana, continente tan afrancesado como british y copista por pecado de juventud y vicio. Pablo Neruda, chileno, y César Vallejo, peruano, tangencialmente este último mencionado, en verdad no requieren defensa ante el rosario de inexactitudes y afirmaciones extraliterarias, y de citas de vengador despechado, de Floriano Martins, porque la obra de ambos poetas americanos y universales habla, se expresa, irrumpe, desde la melancólica y vasta región andina, al profundo ser americano, a la visión desoladora del hombre y las cosas, donde las Residencias nerudianas marcan pauta tempranamente en la poesía iberoamericana. De César Vallejo, fallecido prematuramente a los 42 años, el crítico inglés J. M. Cohen, dice que ha escrito una nueva poesía en América. En su ensayo crítico Poesía de nuestro tiempo, Cohen analiza a los principales poetas modernos, entre ellos, George, Rilke, Yeats, Eliot, Pound, Tralk, Blok, Dylan Thomas, Montale, Machado, Auden, Apollinaire, Eluard, Breton, Mayakovsky, Alberti, Lorca, Molinari, Paz, y Neruda, entre otros. "Neruda es un gran escritor, dice, casi el único poeta de hoy para quien todo el mundo material, del mineral al hombre y desde su patria nativa hasta la China comunista, constituye un tema y una inspiración. “Neruda es casi el único ejemplo de gran poeta materialista". | ||
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Jorge Luis Borges no aparece en este libro de referencia fundamental, publicado en 1959, porque con su texto El Hacedor, editado en 1960, comienza a ser realmente conocido mundialmente. A Borges debemos de entenderlo en la situación límite, más allá del bien y el mal, como si no hubiese existido más que para el reflejo de los espejos. Para César Vallejo no constituye novedad este ninguneo, ya que en un texto vaticinador nos advierte: “Yo nací un día/que Dios estuvo enfermo,/grave”. Veamos lo que dice Floriano Martins, brasileño, poeta visitante, en el semanario Talingo del diario La Prensa, bajo el título "Pablo Neruda: desmesurado, irregular y frívolo". Gerardo Deniz, mexicano, cita Floriano Martins, dice que "Neruda difícilmente resistiría al tiempo sin sus vínculos con el comunismo, lo que implica afirmar que no tiene sustento en su obra". El prestigio de Neruda es un misterio que, por suerte, me es indiferente, ya que estoy convencido de que, sin su comunismo, ni Vallejo ni Neruda serían tan apreciados". Octavio Paz, mexicano, ensayista y poeta, Premio Nobel, fervoroso anticomunista, quien criticó acremente a Neruda por su militancia y estalinismo;del que se fue desprendiendo en sus últimos años de vida, según Jorge Edwards afirma en el libro Adiós, Poeta: "el año pasado releí la obra completa de Neruda, desde la primera página hasta la última. Creo que en mi edición faltaban algunas cosas del final, pero leí entero y por orden todo lo que tenía. Mi conclusión es que Neruda es el mejor poeta de su generación. ¡De lejos! Mejor que Huidobro, mejor que Vallejo, mejor que Borges. Y mejor que todos los españoles". Es un poeta muy irregular, acotó Paz, pero en sus grandes momentos es el mejor. Siempre lo he pensado así: uno de los mejores del idioma. Residencia en la Tierra es un libro extraordinario, pero también hay poemas extraordinarios en Odas elementales, y más adelante. Edwards le pregunta a Paz si conoce Geografía Infructuosa, El Campanario de Authnay, y el mexicano, dice que no. De Octavio Paz podría decirse lo mismo que de Neruda: el mejor poeta de su generación, pero se matriculó con la derecha, comenta Edwards, citando a unos amigos españoles. | ||
Rosamel del Valle, poeta chileno, "escribe una poesía verdaderamente delirante", nos revela Floriano Martins. Pero, qué quiere decir con esa afirmación, nos preguntamos, cuando, delirante viene de delirar que significa "decir cosas incoherentes por efecto de una fiebre muy alta." ¿Hacia dónde, pregunto, enfoca su visión poética y su propia poesía? Todo estado febril impone una ilusión, una imagen engañosa que una mente enferma o en estado anormal toma por real. Rosamel del Valle y Humberto Díaz Casanueva, amigos inseparables, son dos extraordinarios poetas chilenos muy vinculados al simbolismo francés, romanticismo alemán e inglés y al surrealismo, antecedentes nerudianos como del influyente Walt Whitman, pero asimilados y transformados de manera muy diferentes en la lírica del vate de Isla Negra. Su obra es esencial y vasta como profunda es la cultura de ambos poetas, más conocidos por círculos literarios, universitarios y de iniciados, que por el gran público, producto del propio género y de una poética filosófica en búsqueda del ser, del tránsito entre la vida y la muerte, y del uso, por decirlo de manera simple, de un lenguaje preñado de simbolismos e interrogantes, lo que requiere de algo más que una lectura de paso. Esto dicho, porque el "arroz con mango", un producto de exportación latinoamericano, tampoco va en poesía, como nos quiere hacer ver en esta mescolanza de epítetos, nombres de verdugos antinerudianos, escuelas y estilos, que nos deja caer como en un pozo de revelaciones, Floriano Martins, quien apunta más lejos que su propia imaginación los dardos contra Neruda, desaparecido físicamente hace 27 años. "No sería arriesgado o irresponsable decir que la poesía de Neruda no resistiría una comparación crítica con la de sus pares hispanoamericanos". Neruda, añade Martins, era un poeta desmesurado y sobre todo obstinado por la enumeración, por la cuantificación, lo que lo volvía esencialmente frívolo". En su obsesión por escribir acerca de todo y en estilo de todas las modas literarias, nunca trató en profundidad ninguno de los problemas básicos de la lírica. ¿Por siete décadas se ha equivocado la crítica mundial con la obra de Neruda y su público, que reside en Moscú, Estados Unidos, Argentina, México, Francia, Italia, Gran Bretaña, Brasil, España, China, Centroamérica, Cuba, Chile o Panamá, la tierra del banquero nerudiano Lucho Moreno, para no ir tan lejos de la geografía, ni de las inagotables bóvedas de la poética nerudiana? | ||
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Nicanor Parra, candidato al Nobel de Literatura a partir de enero del 2001, tan opuesto, crítico y deudor de la poética nerudiana, uno de los más grandes poetas vivos del planeta Tierra, y que en los últimos años se distanció de Neruda, me comentó en una ocasión que las Odas Elementales de Neruda eran simplemente revolucionarias, tienen el germen precursor afrodisíaco del hippismo y que él las celebraba con respeto literario, como lo ha repetido, agrego, la crítica despojada de los atuendos del personaje que llenó 50 años de poética en Iberoamérica. Amado Alonso, profesor en Harvard, abre su libro Poesía y Estilo de Pablo Neruda, editado en 1940, con la siguiente afirmación, refiriéndose a Odas elementales: "Es una poesía escapada tumultuosamente de su corazón, romántica por la exacerbación del sentimiento, expresionista por el modo eruptivo de salir, personalísima por la carrera desbocada de la fantasía y por la visión de apocalipsis perpetuo que la informa". El amor, la melancolía de la primera obra juvenil nerudiana, el dolor del ciclo de las Residencias, el amor una y otra vez en Versos del Capitán, Cien Sonetos de Amor, y en su poesía editada postmorten, El mar y las campanas, El corazón amarillo y que subyace en toda la poética, lírica nerudiana con excepción de los textos políticos, así como el hombre, la naturaleza, la materia que nos rodea y traspasa, parecen no ser temas profundos de la lírica de todos los tiempos para Martins, y que la poesía de Neruda retoma una y otra vez en un singular, caprichoso y deslumbrante ejercicio de vida. El profesor, investigador de la Universidad de París, crítico literario y uno de los conocedores más profundos de la obra del poeta sureño, Jaime Concha, en su libro titulado Neruda, editado en 1972, nos revela ángulos desconocidos de la poética nerudiana, en uno de los análisis más lúcidos de la obra nerudiana. Su enfoque va más allá de la instancia literaria e inserta la poética de Pablo Neruda en el proceso histórico de la sociedad chilena, sin descuidar la poesía misma del autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Tentativa del hombre infinito, Canto General, España en el corazón, Aún, Extravagario, Plenos poderes, Cantos ceremoniales, Memorial de Isla Negra y Fin de Mundo, entre otros. Concha nos revela que no hay en Neruda ni la intensa profundización en la memoria de símbolos cristianos, como en el caso de Mistral, ni el conflictivo y desgarrado pathos huidobriano en pos de una imposible liberación espiritual. Tampoco el tono violento y blasfemo que exhibe frecuentemente De Rokha o la apaciguada lirización de un sentimiento primariamente religioso, como ocurre en las primeras obras de Ángel Cruchaga. La poesía nerudiana nace más allá del catolicismo, fuera de su órbita cultural. “El ateísmo no existe ni ha existido nunca en Neruda". |
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Los pares más formidables de Neruda estuvieron precisamente en Chile: Huidobro, De Rokha, la Mistral. Con los dos primeros se batió hasta el fin de sus días. A De Rokha le llamó Perico de Palothes en sus memorias Confieso que he vivido, y a Huidobro, lo homenajeó y criticó al mismo tiempo, en nuestra opinión, cuando le dedicó unos instantes en su discurso del Premio Nobel en Estocolmo, en 1971. Huidobro y Neruda se reconciliaron poco antes de la muerte del autor de Altazor, como "poetas, como chilenos y como amigos", recuerda Neruda en sus memorias, donde elogia su poesía que brilla por todas partes y tiene una alegría fascinadora. "Neruda no poseía el mínimo aprecio por sus pares. Poco entendía de poesía y menos aún estaba interesado en ella." Perlas, perlas, que culminan con la socorrida cita del eterno enemigo nerudiano, el español Juan Ramón Jiménez, quien calificó a Neruda de "gran mal poeta". Neruda responde en Oda a la envidia: Escribí, escribí sólo/para no morirme./Y entonces/apenas/mis versos de muchacho/desterrado/ardieron/en la calle/me ladró Teodorico/ y me mordió Ruibarbo. Se irguieron/amenazantes/contra mi poesía,/ con ganchos, con cuchillos,/con alicates negros. Y advierte a sus detractores: seré, /seré implacable./Yo les pido/que sostengan sin tregua el estandarte/de la envidia./Me acostumbraré a sus dientes/Me hacen falta/Y reafirma: Y estoy casi seguro/aunque no les agrade la noticia,/que seguirá/mi canto/más acá de la muerte/en medio/de mi patria/será mi voz, la voz/del fuego o de la lluvia/o la voz de otros hombres. Neruda concluye su Oda subrayando que su poesía tiene tanta salud/como una ordeñadora. Pero volvamos al principio, a la cita con que Floriano Martins abre su caja de Pandora más que antinerudiana, antipoética en el mal sentido de la palabra. Para ello utiliza un comentario a la volandera, que no conozco, de Enrique Lihn, uno de los grandes poetas chilenos y latinoamericanos, y lúcido y sistemático crítico de la obra de Neruda. Cito textualmente: "Una vez dijo el poeta Enrique Lihn que no veía la razón para incluir a Borges entre los fundadores de la poesía hispanoamericana, por considerarlo formalmente conservador, destacando la previsibilidad de sus recursos métricos y rítmicos. La contribución incuestionable de Borges, estaría marcada por otros aspectos y no por la estructuración del poema. Quizás pudiera hacerse una observación muy parecida en lo que atañe al chileno Pablo Neruda". |
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Lihn nos da a entender que Neruda cedió la palabra a Nicanor Parra sin proponérselo, por abandono a "sus deberes poéticos en favor de la política". Es probable, ya era hora. Neruda había relevado, de acuerdo con Lihn, a Rubén Darío. Nicanor Parra y Lihn, marcan en Chile rumbos antípodas de la poesía vanguardista, modernista, neorromántica y finalmente nerudiana, y no escatiman oportunidad para hacerlo sentir desde sus trincheras o públicamente. El mito de Neruda, con su pasado verbal estremecedor, como subraya el poeta salvadoreño Roque Dalton y estoy citando a Lihn, sigue estando para nuestra generación en Residencia en la Tierra "donde dio Neruda el tono único e intransferible a su poesía". Neruda hizo un estilo, agrega Lihn, en Residencias y las posteriores (un ciclo de tres en una década). Juan Larrea, que se transformó después en un acérrimo antinerudiano, reconoció en Neruda lo siguiente: "Todos los ismos - y cito una cita de Lihn- que conocían a la sazón boga en Hispanoamérica han sido poco a poco desbancados por esa ululación angustiosa de lo informe, que se resuelve en una espesa elocuencia desordenada y monótona como las inundaciones. Como ellas, su corriente arrastra un sinfín de objetos arrancados a su coherencia natural, dejando a su paso una impresión de arbitrariedad, desesperación y catástrofe". Es ni más ni menos el impacto de las Residencias. El referencial de la poesía chilena en el siglo XX se llama Pablo Neruda, sin desconocer a sus gigantescos pares de muy distintas visiones de mundo, Huidobro, la Mistral y De Rokha, y muy posteriormente en 1954, con Poemas y antipoemas, vendría Nicanor Parra a disputar el trono, no desde el Olimpo, ni como pequeño Dios, sino desde la tierra y en su propia carpa. |
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Tuve mucho contacto personal con Nicanor en mis tiempos universitarios y más adelante después del Golpe Militar en 1973, y siempre noté una obsesión, que considero natural, por la poesía de Neruda y el personaje, completamente oleado y canonizado, criticado y odiado por sus enemigos. Parra ha estado haciendo su trabajo demoledor de lo que considera la retórica y vieja poesía, desde 1954, con paciencia de huaso ladino y cazurro, que montó su propio tinglado en este cuadrilátero de cinco patas en que se transformó la llamada guerrilla poética, aunque cuatro de los gigantes dejaron de existir hace largo tiempo. Nicanor tuvo movimientos ligeros de piernas, ganchos cortos y certeros con De Rokha y Neruda, no así con la Mistral y Huidobro a quienes expresa reiteradamente su admiración y deudas. Parra es un kamikasi, pero no suicida, del yo nerudiano, y como físico racionalista que es, pude conocer de cerca su trabajo a veces aséptico de su construcción poética, ya que él rechaza por principio el término creación, por considerarlo posiblemente intuitivo y romántico. Busca la objetividad y como una suerte de sacerdote del escepticismo, porta en su bitácora poética la fórmula de la nitroglicerina para hacer estallar todo intento de recetas literarias. El tema es más vasto que la larga y angosta faja de tierra llamada Chile. De lo suyo subjetivo, pero medible, y requiere de un trabajo más acucioso, y no de crónica periodística. Pero algunas cosas deben de quedar en claro. En poesía, ¿quién no viene de algún lado y carece de influencia(s)?. ¿O acaso la poesía es un gran globo que inflamos desde nuestro cordón umbilical? Lo malo está en la copia feliz del Edén, parodiando el Himno Nacional de Chile. Quizás, gramo a gramo, Neruda y la Mistral, sean los dos poetas latinoamericanos mayores del siglo XX. Borges fue un gran y fantástico ficcionador, pero un poeta que pidió prestado todo lo que pudo y lo hizo bien. Ernesto Sábato sostiene que el Borges que perdurará, será el más olvidado, el cotidiano, argentino. No debemos de olvidarnos de Huidobro, Vallejo, De Rokha, Lezama Lima, Nicanor Parra, Borges, Paz, Gonzalo Rojas, Hahn, los más visibles en el invisible río de la poesía continental. La soga de la poesía es más larga en América Latina, y me inclino además en sus extremos geográficos, por Juan Gelman, Argentina, y José Emilio Pacheco, México. Ernesto Cardenal, en Centroamérica, Drumond de Andrade, en el vasto y maravilloso Brasil. Hay grandes poetas intermedios en el paraíso poético, sin la dimensión, universalidad, lenguaje, "originalidad", de Rubén Darío, Neruda, Vallejo, Huidobro, la Mistral, Parra y Lezama Lima. La poesía de Neruda y el personaje son más profundos que las charlatanerías de sus oficiosos detractores, y no hay nada mejor en poesía, que leer la obra. Neruda ocupó una época como una gigantesca tortuga en las transparentes, torrentosas y a veces lúgubres aguas de su poesía en el sur del planeta. Su tiempo fue la Guerra Fría y hoy se revela con lujo y detalles cómo la CIA impidió que le otorgaran el Premio Nobel mucho antes que en 1971, en medio de una cascada de miles de documentos considerados top secret. No comparto los análisis extraliterarios, pero éste es un hecho único en la historia literaria contemporánea. Neruda fue un protagonista social relevante en la historia del siglo XX en Chile y América Latina, senador y "poeta de utilidad pública", como le gustaba que le llamaran, pero ya había acuñado un patrimonio literario indiscutido. |
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Celebro la capacidad vital, creativa, muchas veces higiénica, de un país al intentar demoler sus propios mitos, pero hay que ubicar también los tiempos, y Neruda se transformó sin querer en una animita, en la pequeña vela que baña de luz la rendija del cuarto de la pobreza, de la soledad y el silencio totalitario. La naciente dictadura lo elevó a la categoría de mártir al vandalizar su casa La Chascona, en Santiago, debido a los atropellos en su residencia permanente en Isla Negra y la humillación en la carretera cuando viajaba de urgencia a la clínica Santa María. Su entierro fue en una tumba anónima y el cortejo, vigilado por la metralla militar. Son actos únicos, no buscados. Podría decirse que la historia trabajó a favor de Neruda, pero también su poesía, su oficio, su temprana, vigorosa e irrepetible aparición en el escenario poético de los años 20 y su permanencia. Neruda es un paradigma en América Latina, como subraya el poeta, ensayista y rokhiano, Naín Nómez, en su esclarecedor ensayo Poesía Chilena Contemporánea. El 20 de marzo, Santiago de Chile, Valparaíso, Cartagena e Isla Negra, se transformaron en capital internacional de la poesía. Allí estuvieron, entre otros, Ernesto Cardenal (Nicaragua), Juan Gelman (Argentina), Hans Magnus, Enzersberger (Alemania), Ledo Ybo (Brasil), Adienne Rich (Estados Unidos) y Yestushenko (Rusia). Gunter Grass, por su parte, participó en teleconferencia desde Alemania. Sus organizadores tuvieron como objetivo devolver la poesía a las personas comunes y corrientes. Para que la gente se reencuentre con la palabra y se recupere la memoria histórica de los grandes recitales líricos del Chile de antaño. El lenguaje de la tribu debe volver a la tribu. Durante una semana la poesía invadió las calles de Chile, especialmente las patrias chicas e íntimas de Neruda en Isla Negra, de Vicente Huidobro y Nicanor Parra en Cartagena, de Santiago de Lihn, Zurita, Gonzalo Millán, Manuel Silva Acevedo. Estará en pleno la poesía chilena con Gonzalo Rojas, Armando Uribe Arce, Efraín Barquero, Miguel Arteche, Omar Lara, Floridor Pérez, Waldo Rojas (París), Jaime Quezada, Federico Schopf, Naín Nómez, Francisco Véjar, y tantos otros. En buena medida este reconocimiento de Chile como símbolo de la poesía mundial, se lo debemos a Pablo Neruda y Gabriela Mistral, a Nicanor Parra y a Vicente Huidobro, que dignificaron con su obra y conducta intelectual, el papel del escritor en Chile y América Latina. | ||
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Rolando Gabrielli es periodista y escritor chileno. | ||
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