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17 de septiembre de 2003 | |
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| Tribuna de opinión | ||
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ÓSCAR GIL Errores comunes que pueden y deben corregirse
Expresiones que atribuyen
voluntad a estructuras inanimadas, queísmos y dequeísmos habituales,
redundancias y disculpas varias, son objeto de análisis y corrección en esta
nota. | ||
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Los inanimados no se constituyen en nada Cita: "La construcción de esos templos de progreso es una actividad meritoria de la que todos los caleños debemos sentirnos muy orgullosos, pues se constituye en ejemplo para todo el país". (Occidente, Mi opinión, Rodrigo Fernández Chois, 4-VII/03, pág. 5). Corrección: "La construcción de esos templos de progreso es una actividad meritoria de la que todos los caleños nos debemos sentir muy orgullosos, pues constituyen un ejemplo para todo el país". Comentario: La construcción, los templos y la actividad son inanimados que no tienen ninguna voluntad de iniciar una acción. Debo, pues, repetir el comentario que a otra cita similar le hice en días pasados al mismo doctor Fernández Chois: El uso del reflexivo es válido para expresar una acción personal ejecutada por el sujeto, la que convierte al mismo sujeto en su propio objeto; p. ej.: "Me constituyo en defensor del lenguaje", "El Presidente se constituyó en abanderado de la paz". | ||
Citas: 1. "Se dieron cuenta que les falta un caudillo en la cancha...". (Occidente, Balón, "el Fantasma", 16-VI/03, pág. 10). 2. "... cuando se dan cuenta que ella es la primera autoridad municipal". (Occidente, Ventana, Al césar lo que es del césar, Fabio Larrahondo Viáfara, 16-VI/03, pág. 7). Corrección: "Se dieron (o se dan) cuenta de que...". Comentario: Cuando, al volver pregunta la frase, el interrogante admite la preposición de, entonces, la frase también debe llevarla ¿De qué se dieron cuenta? | ||
Citas: 1. "Los 20 años de inhabilidad para los tres concejales de Bogotá son un ejemplo para todos los funcionarios públicos del país. (...) Cuando se estaba volviendo costumbre en el país que los funcionarios públicos que cometían fallas continuaban impunemente su rutina diaria". (Semana, Opinión, n.º 1.099, 26-V a 2-VI/03, pág. 21). 2. "En la picota pública". (El Tiempo, Teléfono rosa, subtítulo, 25-V/03, pág. 3-14). Correcciones: 1. "... funcionarios del estado (o servidores públicos)". 2. "En la picota". Comentario: Reitero que "funcionario público", "picota pública" y "erario público" son formas tautológicas. Por sí solos son públicos. | ||
Cita: "... concluyó que probablemente había caído accidentalmente". (El País, 13-V/03, pág. A5). Corrección: "... concluyó que había caído de manera accidental". Comentario: ¡Dos adverbios de modo terminados en 'mente', en una frase de sólo seis palabras! | ||
Cita: "Le pido disculpas a Silvia Amaya... Esta rectificación no me fue pedida por ella, aunque en su caso sí hubiera tenido todo el derecho a exigirla". (El Espectador, Opinión, Disparates magníficos, Lisandro Duque Naranjo, 20-IV/03, pág. 16A).
Comentario:
De manera que si ella no se la pide, usted se la pide a ella... Ofrézcale
disculpa a doña Silvia, por favor. Además, el plural sobra por concordancia
pues la disculpa es una sola. Hay que cuidarse de estos "magníficos
disparates", señor columnista. |
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No deja de sorprenderme la palabreja “pobresía”, para referirse a los pobres (o “pobrecía”, a pobreza), en el lenguaje del señor Alcaide, como dirían en Balsitas, corregimiento de Guapi, donde la gente cambia la l por la i (variedades dialectales). Lo mismo en la oralidad escuchamos palabras tan sonoras y graciosas como “la trabajiza” (mucho trabajo), “la masacriza” (la masacre), y otras por el estilo que tienen fuerza y entendimiento así no estén aprobadas por el importador gramatical. Lo cierto es que no debemos olvidar que el Jhon Malo es de origen guapireño, y seguro la abuela conoció “la pobresía” del Pacífico.
Comentario:
La corresponsal tiene razón al sorprenderse. No existen en el DRAE las
palabras pobresía ni pobrecía. Los términos apropiados para hablar de los
pobres y de la pobreza son: pobrería, conjunto de pobres; y pobretería, que
significa lo mismo y, además, escasez o miseria, y tacañería o preocupación
excesiva por el dinero. | ||
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Óscar Gil es lingüista y periodista colombiano. | ||
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