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7 de enero de 2004


Tribuna de opinión

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ALEXIS MÁRQUEZ RODRÍGUEZ
Variantes del idioma entre aguinaldos y pesebres

Coincidiendo con las celebraciones navideñas y el nacimiento del nuevo año, el autor analiza las variantes de nuestro idioma en torno a dos palabras claves en estas fechas: aguinaldo y pesebre.

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La palabra aguinaldo se ha hecho polisémica. Inicialmente sólo era el “Regalo que se da en Navidad o en la fiesta de la Epifanía” (DRAE). Así lo registra Cobarruvias en su precioso Tesoro de la lengua (1611), primer diccionario de la lengua castellana,  y también en el Diccionario de Autoridades (1726), primera edición del DRAE. Pero luego va adquiriendo otras acepciones, aunque todas vinculadas con la Navidad. El DRAE, por ejemplo, llama aguinaldo también al “Regalo que se da en alguna otra fiesta u ocasión”, e igualmente al “Villancico de Navidad”. E incluso registra asimismo con ese nombre una “Planta tropical silvestre de la familia de las Convolvuláceas, muy común en Cuba y que florece por Pascua de Navidad”. Es la que aquí llamamos Papagayo, y en otras partes Flor de Pascua.

Más tarde, en nuestro país al menos, se empieza a llamar aguinaldo al bono o remuneración especial de fin de año que reciben los trabajadores de la administración pública, equivalente, aunque no siempre en su monto, a la que por concepto de participación en las utilidades corresponde a los trabajadores de las empresas privadas. También se llama aguinaldo la propina que suele darse en la época navideña a los servidores que usualmente prestan un servicio, como los carteros, los empleados de las oficinas de correo que atienden al público, los obreros del aseo urbano, los empleados de bancos u otras oficinas o empresas donde comúnmente prestan servicio al público durante todo el año, el servicio doméstico, etc. Este tipo de remuneración especial se agrega, en casi todos esos casos, al aguinaldo oficial o a las utilidades que a cada trabajador le corresponden.

En Venezuela es común que llamemos aguinaldos a los villancicos navideños, que son generalmente composiciones de cuatro versos hexasílabos, en  los cuales se hace alguna referencia a los temas navideños. El Diccionario del habla actual de Venezuela, de Rocío Núñez y Francisco Javier Pérez, registra también con el nombre de aguinaldo, y como propio de los llanos, un “Romance con versos hexasílabos que alude a temas relativos a la Navidad”.

En los ya lejanos tiempos de mi infancia y adolescencia también se acostumbraba, por Navidad, apostar aguinaldos. Estas apuestas se hacían por parejas, con frecuencia mixtas, de lo cual solían salir noviazgos que hasta podían llegar al matrimonio. El juego consistía en que los apostadores acordaban cumplir una determinada condición, y si uno de ellos sorprendía al otro faltando a lo acordado, este perdía la apuesta y el ganador cobraba el aguinaldo previamente convenido. Por ejemplo, si se apostaba lo que se llamaba palito en boca, cada uno de los apostadores debía llevar en la boca un pequeño trozo de madera, generalmente un pedacito de palillo o de fósforo. Cuando, inesperadamente, se encontraban, uno de ellos gritaba al otro “¡Palito en boca!”, mostrando el suyo, y si el otro no tenía el de él o ella, perdía la apuesta y debía pagar. Por supuesto, la paga variaba de una pareja a otra, y no era inusual que fuese un beso. Así se apostaba también a llevar una prenda de vestir de determinado color; a permanecer mudo cuando el otro apostador nos sorprendía y nos hablaba, diciéndonos cosas que nos obligasen a responder, caso en el cual perdíamos la apuesta. La apuesta más brava se llamaba "Híncate, Cotí", y consistía en que, al encontrarse los apostadores, uno de ellos, el que fuese más rápido, decía al otro: "¿Híncate, Cotí!", y este tenía que ponerse de rodillas, cualquiera que fuese el sitio en que se encontrasen. Si no lo hacía, perdía la apuesta y tenía que pagar. Cada pareja se esmeraba buscando una apuesta ingeniosa, intencionada, difícil de cumplir.

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Sobre el origen de la palabra aguinaldo hay diferencias entre los especialistas. El DRAE lo da como deformación de aguilando,  que en nuestro idioma significa lo mismo y es forma desusada, y quizás provenga de la frase latina hoc in anno (en este año). Corominas da el mismo origen, pero como deformación no de aguilando, sino de aguinando, de origen incierto, talvez de la citada frase latina. Otros le dan un posible origen árabe, entre ellos Cobarruvias, quien igualmente señala la posibilidad de que sea de origen hebreo, y hasta cree que pudiera venir de lengua de los gentiles, Griego o Latín, pues la costumbre de dar regalos en Navidad coincide con la costumbre pagana de los llamados días geniales, “que eran por el mes de diziembre, quando unos a otros se embiavan presentes y regalos de algunas cosas de comer y beber y pertenecientes a la mesa”.

Pesebre, un caso claro de evolución semántica

La palabra pesebre ilustra muy bien un interesante caso de evolución semántica. En Venezuela y en muchos otros países hispanoparlantes leer u oír la palabra pesebre nos remite inmediatamente al nacimiento de Jesús. Es una connotación que, además de amable, opera en cualquier persona, incluso en aquellos para quienes la Navidad no significa nada, bien porque profesen otras religiones no cristianas, bien porque no profesen ninguna.

La primera acepción que de la palabra pesebre registra el DRAE es la siguiente: “Especie de cajón donde comen las bestias”. Por extensión, esta acepción da origen a la segunda: “2. Sitio destinado para ese fin”. Es decir, a partir del recipiente ­“especie de cajón”­ donde se les pone el alimento a las bestias, por un mecanismo metonímico la palabra pesebre pasó a significar el lugar donde está dicho recipiente, o sea, que pasó a ser sinónimo de establo (“Lugar cubierto en  que se encierra ganado para su descanso y alimentación”) y de caballeriza (“Sitio o lugar cubierto destinado para estancia de los caballos y bestias de carga”) (DRAE). Este mismo diccionario registra también pesebrera: “En las caballerizas, disposición u orden de los pesebres. || 2. Conjunto de estos pesebres”.

La 3ª acepción de pesebre es la siguiente: “nacimiento (representación del de Jesucristo)”. Esta es, sin duda, la más conocida y la que a la mayoría de las personas viene a la memoria en primer lugar. Se debe a la leyenda acerca del supuesto nacimiento de Jesús en un establo, en el que le habría servido de cuna un pesebre. La leyenda, hermosa y de gran simbolismo, como expresión de humildad y pobreza, esencia del Cristianismo, se completa con la supuesta presencia sólo de una mula y un buey en el momento del alumbramiento. Los Evangelios nada dicen al respecto, salvo el de Lucas, donde se menciona que la Virgen “parió a su primogénito y lo envolvió en pañales, y acostóle en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón” (2,7). Dos veces más se hace mención al pesebre. Nada más. Fue en la Edad Media cuando, con esa base tan precaria, se construyó toda la leyenda acerca del nacimiento de Jesús, y se instituyó la tradición de representarlo con el pesebre.

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Una tradición que ha decaído bastante en nuestro país es la del pesebre, desplazado por el inexpresivo y exótico arbolito de Navidad. De los ya lejanos días de mi infancia y adolescencia recuerdo cuando en cada casa, además de en las iglesias, se armaba el pesebre. Días antes se iba al campo cercano a recoger las ramas de estoraque (Vernonia odoratissima, según Lisandro Alvarado), o en su defecto de mastranto (Hiptys suaveolens para Pitier), ambas plantas muy aromáticas, que servían de base para el pesebre. Éstos, por supuesto, variaban de un lugar a otro, según los recursos de que se dispusiese, incluyendo en ellos la sensibilidad artística y la habilidad manual de los encargados de armar el pesebre, llamado también nacimiento.

En Venezuela se usa la expresión tener el pesebre alto, ya registrada en el DRAE como venezolanismo, para significar que alguien está en tal estado de pobreza, que se le dificulta conseguir lo necesario para comer.

La palabra pesebre, de origen latino, viene de praesepe, que significa pesebre, establo, caballeriza, corral, cuadra, etc.  Lo que ha sido motivo de controversia es el origen del uso de la palabra pesebre como sinónimo de nacimiento, referido, por supuesto, al de Jesucristo. El DRAE incluye esta acepción sólo a partir de la 20ª edición, de 1984. Algunos consideran que este uso es de origen catalán. El profesor Ángel Rosenblat cree que es más bien de origen portugués.


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Alexis Márquez Rodríguez es subdirector de la Academia Venezolana de la Lengua.
grealemar@cantv.net
alemar@telcel.net.ve  

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