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18 de mayo de 2005


Tribuna de opinión

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ALEXIS MÁRQUEZ RODRÍGUEZ
Una nueva gramática castellana

 

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La Real Academia Española vive un proceso de modernización. Desde hace algunos años viene tratando de remover su imagen de institución acartonada y conservadora, originada no sólo en la perfidia y la maledicencia de ciertas gentes, sino también en el propio comportamiento de la institución, y en algunos criterios reaccionarios que ha sostenido a lo largo de su historia.

En primer lugar, la Real Academia ha venido adoptando nuevos criterios, acordes con los logros de la lingüística, como se ve en la orientación de las investigaciones que en su seno se realizan y en la terminología que se ha adoptado progresivamente, sin frivolidades ni excesos. La revisión permanente del Diccionario y la publicación periódica de sus nuevas ediciones así lo prueban.

La RAE ha acogido también las más avanzadas técnicas de computación. Esto ha dado gran agilidad a la preparación del diccionario, cuyas ediciones sucesivas han ido incorporando los nuevos vocablos en uso, en especial los provenientes de las hablas hispanoamericanas, y las aportadas por la evolución de las ciencias, la tecnología, la política, la economía, las actividades sociales, las comunicaciones, los deportes, etc. El uso de estas técnicas ha permitido, además, que la RAE tenga la base de datos más grande del mundo sobre un idioma determinado, que para 2001 superaba los 270 millones de registros.

Muy importante ha sido asimismo el cambio de actitud de la Real Academia respecto a Hispanoamérica. Durante muchos años la relación entre ella y las academias nacionales fue tensa y basada en una especie de avasallamiento, o al menos en un criterio de dependencia, de estirpe imperial o colonialista. Hoy los académicos españoles nos miran con otros ojos, partiendo de la premisa, a menudo expresada, de que el futuro de la lengua castellana está en América, donde habitan la mayoría de sus hablantes. Se ha establecido así un eficaz plan de colaboración mutua entre la RAE, las academias hispanoamericanas, la filipina y la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Fruto de esa colaboración, entre otros, es la más reciente edición del DRAE, la 22º, publicada en 2001, y en la cual la cifra de americanismos se ha duplicado, hasta alcanzar a más de 28.000, entre nuevos vocablos y nuevas acepciones, corrección de otros antes incorporados, etc. Igualmente ha sido posible elaborar el Diccionario panhispánico de dudas, en proceso de edición, conjuntamente por todas las academias, y que será de enorme importancia para el mejor uso de nuestra lengua y, en especial, para la conservación y fortalecimiento de la unidad lingüística entre los países de lengua castellana.
Factor muy importante en la nueva relación de la Real Academia y las academias nacionales ha sido la Asociación de Academias de la Lengua Española, fundada en 1951, pero revitalizada en los últimos años, en la cual la RAE y las 21 academias nacionales están en pie de igualdad. Es sintomático que cuando la RAE, en la voz de sus directivos, se refiere oficialmente a estas últimas, las llama “las academias hermanas”.

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Ni estática ni petrificada

Actualmente la Real Academia y las academias nacionales se ocupan en la elaboración de una nueva gramática de la lengua española. Esto es muy importante, porque la gramática, antes que un estéril cuerpo de reglas sobre cómo debe usarse la lengua, es mas bien como un espejo donde se reflejan los diversos modos como ella se habla y se escribe, por supuesto que señalando aquellos usos y expresiones impropios, extraños a la índole y a la estructura lingüística del idioma. Todo ello sin impedir ni entorpecer la evolución natural de la lengua, que por ser el medio más idóneo y constante de expresión de la gente y de la sociedad, en permanente movimiento y cambio, no puede permanecer estática ni petrificada.

En lo tocante a la gramática la Real Academia no ha sido tan diligente como con el diccionario. Desde la publicación del primero, el llamado Diccionario de autoridades, editado en tres tomos entre 1726 y 1737, el diccionario se ha venido revisando y reeditando periódicamente, hasta completar 22 ediciones, con la más reciente, de 2001. Puede decirse que en materia de léxico la RAE ha estado siempre al día, aunque a veces haya habido retrasos en la incorporación de nuevas voces en uso. En cambio, la primera gramática elaborada por la RAE se publicó en 1771, y aunque se reeditó varias veces, con algunos cambios en todo caso insuficientes, han sido recientes los esfuerzos de la RAE para dotarnos de una nueva gramática que sea expresión oficial de la Academia en esa materia.

Algunas reformas más o menos importantes se introdujeron en las ediciones de la Gramática de 1920 y 1931, última versión de la gramática oficial de la RAE. Sin embargo, siempre los académicos españoles tuvieron conciencia de la necesidad de una nueva gramática, moderna y actualizada, no sólo en relación con las nuevas corrientes de la lingüística, sino también en consideración de los importantes cambios producidos en la lengua a través de las hablas colectivas e individuales de los pueblos hispanohablantes.

La tarea, no obstante, se mostraba ardua y compleja, por lo que no se lograba poner manos a la obra.

En 1973 la RAE publicó el Esbozo de una nueva gramática de la lengua española, cuya redacción se había encomendado a los académicos Samuel Gili Gaya y Salvador Fernández Ramírez. Sus alcances y definición se sintetizan en la “Advertencia” que precede al texto:
”La Real Academia Española saca a la luz este Esbozo. Su mismo nombre lo anuncia­ como un mero anticipo provisional de la que será nueva edición de su Gramática de la lengua española. La finalidad primordial de esta publicación es la de reunir los materiales que la Comisión de Gramática de esta Academia ha preparado como base de la futura Gramática, con objeto de someterla al Pleno de la propia Corporación, sin cuyo refrendo no podrá tener carácter oficial, y conocer la opinión de las Academias de la Lengua asociadas a la Española. Una vez estudiadas las enmiendas y adiciones que se propongan a la Comisión, esta reelaborará el presente trabajo para establecer, en su día, el texto definitivo de la Gramática”.
Por diversas razones no se cumplieron los propósitos señalados. Por ello, en 1985 el académico Emilio Alarcos Llorach, a pedido de la propia Academia, comenzó a trabajar en “el encargo de transformar el Esbozo en texto definitivo”, como lo dice él mismo. Tampoco esta vez el objetivo pudo cumplirse, pero el trabajo de Alarcos Llorach, lamentablemente fallecido, se plasmó en su Gramática de la lengua española, publicada por la RAE y la editorial Espasa Calpe en 1994.

Posteriormente la Real Academia decidió emprender, al parecer de manera concluyente, la ardua tarea, a través de su Comisión de Gramática, pero esta vez trabajando desde el principio conjuntamente con las academias nacionales.

Aún es prematuro para saber lo que en definitiva resultará de este magnífico esfuerzo colectivo. Pero es digno de señalarse que no se trata de elaborar un conjunto de normas gramaticales preestablecidas, sino de examinar el habla real de los pueblos hispanohablantes, tomada tanto del empleo práctico del idioma por sus usuarios, como del lenguaje de sus escritores, periodistas y demás profesionales de la comunicación. Ese examen dará finalmente la pauta para la fijación de las normas de uso de la lengua castellana o española, sin la tradicional rigidez de las reglas gramaticales.

Alexis Márquez Rodríguez es vicepresidente de la Academia Venezolana de la Lengua.


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