| Rivera Letelier: El Fantasista en Buenos Aires |
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| Martes 10 de Julio de 2007 17:11 |
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El escritor chileno Hernán Rivera Letelier vino a la Argentina para presentar su octava novela, "El fantasista" que, como todas las anteriores, tiene al áspero desierto chileno, sus salitres y a los hombres y mujeres que vivÃan y trabajaban allà como protagonistas.
Esta vez, la historia se centra en un partido de fútbol que va a enfrentar a los campamentos mineros de Coya Azul y MarÃa Elena. Pero al parecer ese no será un partido más: en el aire del desierto corren rumores muy fuertes que hablan del cierre definitivo del campamento de Coya Azul y el posterior traslado y la repartija de sus pobladores a otros campamentos. Por eso, ese anticipatorio último partido es a todo o nada, en él está en juego la revancha, el honor y la redención de los pobladores de Coya Azul, campamento mucho más pequeño y de poca relevancia en comparado con el de MarÃa Elena. "Eramos rivales en todo: en lo social, lo deportivo, hasta en el amorÃo. Nosotros Ãbamos a MarÃa Elena a conquistar chicas, y si los pibes de allá nos veÃan nos sacaban a piedrazos. Y cuando los "Cometiera "-asà los llamaban a los pobladores de MarÃa Elena- venÃan a Coya les tocaba cobrar a ellos", cuenta riendo Letelier... Él sabe de lo que habla. Desde los 15 años -debido a la crÃtica situación económica de su familia- trabajó en los salitres del desierto. Cargó el pico y la pala hasta los 45 años. Pero su tenacidad, sus ganas y su amor por la escritura hicieron que una nueva vida floreciera y, en el '94, con su primera novela, "La Reina Isabel cantaba rancheras", ganó el primer premio del Consejo Nacional del Libro y de la Lectura. Aquel premio fue la llave mágica que le abrió las puertas al mundo de las letras. Hoy, Letelier es el escritor más vendido en Chile, superando a Isabel Allende y Paulo Coelho; sus novelas son leÃdas en los colegios y universidades y un par de aulas y una biblioteca llevan su nombre. A diferencia de muchos escritores, Letelier es leÃdo por gente de todos los estratos sociales. "Yo soy un tipo muy afortunado. La ambición de todo escritor es llegar a todos los públicos, pero son muy pocos los que lo logran. Hay quienes los lee la clase alta, pero no la baja; hay otros que los leen las mujeres, y los hombres no; en cambio mis libros son transversales", comenta satisfecho el escritor quien, de alguna manera, siente ser la voz de los sin voz: "de mis amigos de la infancia, de mis compañeros de trabajo, de mi padre que también trabajaba en los salitres y murió de silicosis -enfermedad caracterÃstica de los mineros- de tanto tragar polvo. Entonces, que creo que estoy siendo el cronista de esa historia". A pesar de todas estas muestras halagadoras, de haber sido nombrado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por el Ministerio de Cultura de Francia, de estar abriéndose paso en Europa y de que sus libros hayan sido traducidos al italiano, alemán, francés, portugués, turco y griego, los crÃticos literarios y algunos escritores de su paÃs no le tienen mucho aprecio. ¿A qué se debe? "Creo que les debe molestar que, de pronto, aparezca un minero sin tÃtulo universitario, con sólo apenas su enseñanza media completa, que comience a escribir libros y encima se vendan. Los crÃticos en Chile son muy malos, son comentaristas de libros, ellos me tiran mucha mierda. El dÃa que estos tipos me traten bien voy a tener que pensar qué está fallando. Entre conseguir un buen comentario en el suplemento del domingo y vender veinte mil ejemplares, me quedo con mis veinte mil lectores", dice. El pampino aclara que él es un "contador de historias" y no un intelectual. La diferencia entre una categorÃa y la otra la explica en un tono jocoso. "Hay tres diferencias entre un intelectual y yo: al intelectual no le gusta el fútbol y yo fui el mejor centro delantero en la pampa; no le gusta el baile, y yo fui campeón de twist -como no me creÃan, en un programa de TV me trajeron una bailarina y les di clases de twist a todos- y lo otro, es que los intelectuales no cogen, o cogen muy poco, y yo soy un hiperestésico sexual", dice riendo a carcajadas. Sin embargo, cuando se le pide una explicación un poco más seria, también la da: "El escritor intelectual tiene confianza en lo que escribe, confianza que le da su erudición, su master y todos los clásicos que ha leÃdo. Yo no tengo confianza, yo tengo fe en mi intuición, en mi imaginación, en mis sueños, en mi experiencia de vida y...en mis cojones. Hay que tener cojones también para sentarse a escribir una novela que sabes que vas a tener que estar uno o varios años hasta terminarla", dice y vuelve a sonreÃr. En todas las ocasiones que lo entrevistamos él esta de buen humor, con la sonrisa a flor de piel. Es que Letelier no encuentra razón para no estarlo. Las mismas manos que durante veinticinco años estuvieron secas, resquebrajadas y callosas por el duro trabajo en las minas, hoy sostienen una pluma y recrean esas vivencias y recuerdos con la habilidad, verosimilitud y gracia de quien experimentó lo que cuenta. Romance del duende que me escribe las novelasHernan ya no es el joven prometedor - ya no es joven incluso - sino un escritor respaldado por una de las principales editoriales que viaja alrededor del mundo promocionando sus libros. Tampoco presenta ya su trabajo en salas auxiliares: ahora lo hace en lugares con nombre como "Sala de las Artes", ante un público que se cuenta por centenares e iluminado por un juego de luces que no conoció la primera vez en Buenos Aires.Sostiene satisfecho que con su nombre ya han bautizado lugares públicos en su paÃs, Chile. Se jacta de no conocer los precios de los pasajes aéreos internacionales, ni el costo de una habitación en un hotel cinco estrellas ni una comida en un buen restaurant de ParÃs, ni el valor de un buen vino, porque "la editorial me paga todos mis gastos". Años atrás, en la FerÃa del Libro de Santiago, Hernán Rivera presentó su "Romance del duende que me escribe las novelas" y fue recibido en la sala con un gran aplauso. Medio en broma, medio en serio dijo: "Voten por mÃ". La gente se rió tÃmidamente. Avanzó la presentación con muy poco de literatura y mucho material autoreferente. Ahora Rivera Letelier no cuenta sus libros: explica como los escribe, como si ya empezara a preparar sus memorias. Como GarcÃa Márquez, pero un poco mas al sur. Cuando promediaba la exposición sonó su celular. Se disculpó y atendió el llamado ante el público, en voz alta, y cortó. "Era Michelle Bachelet" (candidata a presidente de Chile en las elecciones de este año 2005), aclaró a su público. Muchos comprendieron finalmente: estaban siendo partÃcipes de un acto polÃtico en lugar de presenciar un acto cultural, porque el escritor ahora trabaja en su candidatura de diputado. Antes de finalizar esa hora de "confidencias", Rivera empujó otra vez a su presentador para que le preguntara sobre polÃtica, y nuevamente recurrió a su histrionismo para contar un chascarrillo sobre el "sindrome de los polÃticos", de un gusto muy próximo a los sketch de los cómicos de la televisión de trasnoche. |