| Horrores idiomáticos y algo más |
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| Viernes 07 de Septiembre de 2007 06:00 |
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Por: María del Rosario Molina Mucha gente imagina que quien gana un premio literario es una persona sabihonda y pretenciosa con la que resulta difícil y aburrido en extremo hablar, y nada hay más alejado de la verdad. Este año el premio nacional de literatura Miguel Ángel Asturias se le ha otorgado y se le entregó a fines de agosto al escritor Mario Roberto Morales, un hombre afable y sencillo, no un “monstruo sagrado” que no se digna descender de las alturas intelectuales, sino el amigo capaz de alegrar una reunión cuando toca la guitarra y canta con su voz bien entonada y dulce una variedad de canciones o anima la conversación con su agudo sentido del humor. Mario Roberto ha publicado libros de sociología, v.gr: La articulación de las diferencias o El síndrome de Maximón, varios textos escolares muy bien documentados y novelas que han marcado un hito en la narrativa guatemalteca, además de escribir semanalmente artículos en las páginas de opinión de El Periódico y La Insignia (de España). Sus novelas sorprenden al no seguir las trayectorias habituales. Innova. Y lo hace bien. Es un placer leer El esplendor de la pirámide, fabulación que muestra, a la manera de un filme, al protagonista envuelto en una nube de sensualidad, enfrentado de golpe a la amarga posibilidad de quedar prisionero en México. El ángel de la retaguardia, en la que de acuerdo con la dedicatoria “agoté todas las inquietudes que tenía sobre la novela”, es modelo de originalidad. Los demonios salvajes nos regresa a los años sesenta, tiempo real de la novela –tiene varios– a “no diga dólar, diga quetzal, no diga acumulador...” y a las tonadas de los Beatles, y en una de las analepsis incluye el pensar de muchos adultos de los años cincuenta: “(En tiempo de Ubico nada de esto habría pasado)”. Los que se fueron por la libre, testimonio novelado que él bautizó “folletimonio”, fue primeramente publicado por entregas en Siglo XXI y luego por la editorial Praxis de México. Sus cuentos recopilados en La debacle, escritos cuando era muy joven, tienen una cualidad especial: Se leen hasta terminar todos; la lectura no puede interrumpirse. No funciona con ellos el dicho chapín: “Lo que puedas hacer hoy, mejor déjalo para mañana”. Tiene otros libros: Señores bajo los árboles, que estrena una nueva edición en español; La ideología y la lírica de la lucha armada y Obraje, novela inédita. Además ha incursionado en la poesía satírica con Epigramas de seducción, que con los licenciados Estuardo Cuestas, Virsa Valenzuela y Carlos René García Escobar comenté en la Fundación G&T Continental cuando se presentaron en el 2006. Poseedor de muchos títulos, entre ellos un doctorado por la Universidad de Pittsburg, es profesor de la Universidad de Northern Iowa. Por parte de ese establecimiento da clases de maestría en literatura en Santiago de Compostela, España y en Querétaro, México. ¡Enhorabuena, MR! ¡Te lo has ganado! |