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15 de noviembre de 2005


Tribuna de opinión

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ROXANA FITCH:
Armando un diccionario enfocado hacia el uso del castellano coloquial

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Me considero una especie de “pseudo-lexicóloga”, alguien que casi por casualidad, y seguramente sin asomo de pretensión, hace algunos años decidió que sería interesante presentar al mundo la riqueza del idioma castellano en sus matices más “folclóricos”: el habla familiar e informal de todos los días, y de todos los países de habla hispana. ¡Menuda empresa! De acuerdo, soy una inconsciente, puesto que nunca pensé que después de más de ocho años de dedicar la mayoría de mi tiempo libre a este proyecto, haya todavía tantísimo que hacer, que investigar, que elaborar.  Soy la creadora y webmaster del sitio web Jergas de habla hispana (www.jergasdehablahispana.org).

La idea detrás del sitio de las jergas germinó hace muchos años, cuando una amiga española (yo soy mexicana), aficionada a los culebrones mexicanos que veía por televisión en Andalucía, me escribía preguntándome por cierto vocabulario raro que no entendía bien.  Desde entonces empecé a elaborar una lista de mexicanismos, tratando de adelantarme a sus preguntas.  Años más tarde, con la nueva posibilidad de comunicar con otros hispanohablantes en forma inmediata a través de los “chats” interneteros, noté que a menudo surgían malentendidos entre nosotros, y fue entonces que me di cuenta de que había una necesidad urgente de exponer las diferencias del castellano coloquial propias de cada país hispanohablante.

Al principio el concepto del sitio era el de exponer sólo y exclusivamente expresiones coloquiales y jergales del castellano, pero poco a poco las peculiaridades de las versiones de cada país hispanohablante me convencieron que el enfoque se podía ampliar, por lo menos en el caso de todos los países de América, y dentro de ellos, casos particulares donde los idiomas autóctonos (nahua, quechua, aymara y taíno, entre otros) tienen una influencia fuerte en el habla cotidiano.  Entonces empecé a crear apartados para los americanismos (pero en especial esos términos que tienen un sinónimo castellano que tal vez en las Américas se conoce o se usa menos) y el vocabulario autóctono usado en vez del castellano como molcajete (nahua) en vez de mortero, yuyo (quechua) en vez de hierba, bohío (taíno) en vez de casa. Estos últimos glosarios todavía están muy subdesarrollados, pero su elaboración sigue en curso.

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El segundo paso después de la concepción de la idea fue: ¿cómo llevarla a cabo?  Lo primero que decidí fue que esta especie de diccionario de jerga sería dividido por país.  Así, la gente interesada en el hablar particular de un país puede encontrar rápidamente lo que busca.  Luego, hubo que decidir cómo obtener el material en sí.  Desde el principio me opuse a la idea de basarme en material publicado por otros.  Ya que tenía la posibilidad de entrar en contacto inmediato con gente de todos los países que me interesaban, lo ideal era basarme en sus aportes directos: vox populi. Fue así que JHH empezó a recibir la información necesaria para recopilar vocabulario por parte de sus mismos usuarios, algunos de los cuales se han vuelto valiosos colaboradores fijos.  De cualquier modo, para complementar en modo ameno esa ayuda externa, leo libros escritos por autores contemporáneos de todos los países de habla hispana para “cosechar” material interesante para el sitio, pero también leo mucho en internet, sobre todo en donde más se usa el castellano coloquial, como en los foros y en los blogs

Soy traductora de profesión.  Por el hecho de pasar tanto tiempo, por fuerza de cosas, con las narices metidas en los diccionarios, he notado que éstos a veces sufren de cierta parquedad en cuanto a la información que ofrecen: a menudo no profundizan en modo adecuado sobre el uso de los términos que definen. «¿Con cuál verbo se usará este adjetivo?», me pregunto «¿con tener, estar, ir, ser, andar... o con todos? ¿y esta voz se usa con cuál preposición: a, de, con?»  Los diccionarios raramente lo especifican, pero si hay un ejemplo, uno se da una idea.  Y ese es uno de los elementos fundamentales de mis glosarios: en lo posible, trato de ofrecer ejemplos de cada voz, y de paso me esfuerzo por darles un toque auténtico que muestre la idiosincrasia en el habla específica de cada país. Armo mis ejemplos, los someto al juicio de mis colaboradores, y una vez obtenida su aprobación, los subo a su respectivo glosario. En algunas ocasiones son los colaboradores mismos que aportan los ejemplos.  El propósito de mi diccionario es no sólo de hacer conocer cierto vocabulario “alternativo”, sino también de ayudar a usarlo con desenvoltura si así se desea. Los diccionarios tradicionales tienden a enfocarse en hacernos entender el significado de un término, pero no necesariamente utilizarlo.

Un ejemplo: La tendencia unilateralista de la Real Academia Española

Una cosa curiosa ha surgido en mis investigaciones: yo siempre hago un control de las voces “candidatas” en el Diccionario de la Real Academia Española para ver si ya aparecen o para asegurarme que de verdad se trata de términos coloquiales.  Y así me he dado cuenta de que cuando una palabra es usada sólo en determinados países (en el caso de los americanismos en especial), el DRAE trata de mencionar en cuáles países se usan poniendo "Chile y Guat" o "Col y Bol" en azul (y a menudo --dicho sea de paso-- encuentro que algunos países que usan el término no son mencionados).  En algunos casos he visto que cuando una voz es usada sólo en alguna región española, ellos señalan Cantabria, o Andalucía, etc. Pero sólo raras veces especifican con “Esp” (España) cuando se trata de términos que se usan en toda España pero no en el resto del mundo hispano (es el caso de la palabra “ordenador”).  Un ejemplo concreto: acabo de descubrir la existencia de la expresión "a dos velas".  Nunca la había leído ni oído.  Si pongo "vela" en el oteador del DRAE, encuentro esa locución descrita así:

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Vela
estar a dos
~s. 1. fr. coloq. Sufrir carencia o escasez de dinero.

Ahora, haciendo una investigación veloz, sé que esta expresión no se conoce en Colombia, Perú, Guatemala, Honduras, Uruguay y por supuesto México.  Tendré que seguir investigando con mis contactos de otros países para averiguar si alguien la conoce en América Latina. El caso es que ya no puede considerarse una frase coloquial genérica porque no se usa en todo el mundo de habla hispana, mientras que, siempre bajo vela, encuentro:

no darle a alguien ~ en, o para, un entierro. 1. frs. coloqs. No darle autoridad, motivo o pretexto para que intervenga en aquello de que se esté tratando. U. t. sin neg. en sent. interrog. ¿Quién le ha dado a usted vela en este entierro?

¡Está sí que la conocemos! Entonces aquí podría ser justo que no se mencione en cuáles países se usa porque al parecer está extendida por todo el territorio de habla hispana.

Es como si los señores de la RAE consideraran que "si se usa en España", se debe usar en todo el mundo de habla hispana.  No profundizan sus investigaciones lo suficiente para verificar si la expresión ha efectivamente cruzado el charco.  No olvidemos que el idioma es de quien lo habla, y no se debería suponer una predominancia española sólo porque el castellano se originó en España.


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Roxana Fitch es traductora mexicana y editora de "Jergas de habla hispana"
www.jergasdehablahispana.org

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